SEMILLA DE MOSTAZA

PARA REFLEXIONAR SOBRE LA FE Y ORAR

VIACRUCIS SEGÚN EL EVANGELIO

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TODO ESTÁ CUMPLIDO…

VIACRUCIS EVANGÉLICO

MOTIVACIÓN INICIAL

Que Jesús murió por nosotros, por nuestra salvación, es una verdad que todos sabemos desde que éramos muy pequeños; una verdad que aceptamos en la mente, pero que tenemos que llevar al corazón, para que ilumine nuestra vida y le dé sentido a todas nuestras obras.

Jesús murió por nosotros con una muerte cruel y humillante, que él enfrentó con infinito amor. Seguro como estaba, de que su misión en el mundo era realizar en todo la Voluntad de Dios, su Padre, que lo había enviado como Mesías y como Salvador, no dudó ni un instante en dejarse llevar a la cruz por sus enemigos, en una actitud de entrega serena y generosa. Era la consecuencia lógica de lo que había hecho y dicho, y de su enfrentamiento – nunca provocado por él -, con las autoridades de su pueblo, que no supieron reconocerlo como el Ungido de Dios, prometido, anunciado y esperado, obnubilados como estaban, por su propio poder, y por la fuerza de las tradiciones que lo respaldaban. 

Jesús murió por nosotros, por amor. Amor a Dios, su Padre, y amor por cada uno de los hombres y mujeres del mundo. Amor grande y profundo. Amor generoso y compasivo. Amor tierno y delicado. Amor sin límites de ninguna clase; sin condiciones; sin excusas… “Nadie tiene más amor que aquel que da la vida por sus amigos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando” (Juan 15, 13-14), dijo a sus discípulos en su Discurso de despedida, en la celebración de la Última Cena.

Sólo cuando se ama mucho, es posible soportar los sufrimientos que Jesús padeció a lo largo de su Pasión. Sólo cuando se tiene mucho amor en el corazón es posible sufrir en silencio, aceptar toda clase de humillaciones, resistir la tortura física y sicológica. Sólo cuando se ama con un amor como el de Jesús, se es capaz de entregar hasta la última gota de sangre sin hacer resistencia, por el bienestar de otros. Un amor fortalecido por la fe y enriquecido por la esperanza.

Acompañemos a Jesús en este momento tan especial de su vida en el mundo, y dejémonos penetrar de su amor que vivifica y salva. Unamos nuestro corazón al suyo ahora que sufre, para que un día participemos también de su gloria.  

PRIMERA ESTACIÓN:

                                 JESUS EN EL HUERTO DE LOS OLIVOS

 

DEL EVANGELIO DE SAN MARCOS (14, 32 – 36): 

Salió Jesús de la sala donde había celebrado la Última Cena con sus discípulos, y se fue con ellos al otro lado del torrente Cedrón, y entraron a un huerto que había allí.

Jesús les dijo a sus discípulos:- Siéntense aquí mientras hago oración. Y se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan para que lo acompañaran, y empezó a sentir terror y angustia, y les dijo: – Mi alma está triste hasta morir. Quédense aquí y permanezcan en vela.

Adelantándose un poco se puso de rodillas en el suelo y empezó a orar pidiendo que, si fuera posible, no tuviera que pasar por esa hora. Decía: – ¡Abbá, Padre, todo es posible para Ti: no me hagas pasar este trago amargo! Pero que no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres Tú.

CONSIDERACIÓN

Tienes miedo, Señor; mucho miedo. Y esta circunstancia me muestra qué tan humano eres. Eres Dios, el Hijo de Dios, pero también eres hombre, como yo; y como hombre sientes miedo ante el peligro inminente.  

También yo he tenido miedo muchas veces y es horrible. Lo único que uno quiere hacer es salir corriendo, huir para librarse de él, para que lo que uno teme no suceda, para que nadie le haga daño…  El miedo destruye la paz interior. El miedo irrita. El miedo nos hace agresivos. El miedo paraliza nuestro entendimiento. El miedo no nos permite pensar con claridad ni obrar con equilibrio. El miedo nos enceguece…

Tú tienes miedo, Señor, y sin embargo estás en paz; actúas con total dominio de ti mismo; vas a donde tienes que ir, dices lo que tienes que decir, y haces lo que tienes que hacer. Tienes miedo, y en lugar de huir y esconderte para que no te suceda lo que temes, te diriges al lugar que frecuentas para descansar y orar. Tienes miedo y te pones a hacer oración… Oración humilde, amorosa y confiada, al Padre Celestial… Entonces se produce el milagro: recuperas el ánimo y la decisión que habías perdido. El proyecto salvador de Dios vale la pena. La salvación de los hombres merece cualquier sacrificio.

ORACIÓN

Jesús… hoy…  acompañándote en este momento tan especial de tu vida en el mundo, te quiero pedir que me ayudes a entender cuál es la Voluntad de Dios para mi; qué debo hacer, cómo debo vivir mi fe en ti, cómo debo aceptar los acontecimientos de mi vida, cómo debo enfrentar las dificultades que continuamente se me presentan; hay momentos en los que definitivamente me siento completamente desorientado y me desespero.  Quiero tener la misma certeza que tú tuviste en esta circunstancia de tu vida: la Voluntad de Dios es siempre lo mejor para nosotros, porque Él es bueno y sabe perfectamente lo que necesitamos.

 SEGUNDA ESTACION:

                 JESÚS ES TRAICIONADO POR JUDAS Y ARRESTADO 

DEL EVANGELIO DE SAN MARCOS (14, 43 -50):

De pronto llegó Judas, uno de los doce, acompañado de un tropel de gente armada de espadas y palos, enviada por los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos. El traidor les había dado esta señal: – El hombre a quien yo bese, ese es. Agárrenlo y llévenselo bien asegurado.

Apenas llegó, en seguida se acercó a Jesús y le dijo: “Rabí”, y lo besó. Los otros se abalanzaron sobre él y lo pusieron preso. Uno de los presentes sacó la espada y de un golpe le cortó una oreja al sirviente del sumo sacerdote. Jesús les dijo: – ¿Vinieron con espadas y palos a ponerme preso, como si fuera un bandido? Diariamente estaba con ustedes enseñando en el templo, y no me arrestaron. Pero tienen que cumplirse las Escrituras.

Todos los que estaban con él huyeron dejándolo solo.

CONSIDERACIÓN 

¡Qué ironía, Señor! O mejor, ¡qué gran desatino! ¡Es precisamente uno de los tuyos, Judas, quien viene a la cabeza del grupo que va a hacerte prisionero en nombre de las autoridades de tu pueblo!

Uno de los tuyos. De tus amigos más íntimos; de los más cercanos a tu corazón. Uno que escuchó tantas veces de tus labios palabras de amor y de perdón. Uno que te vio hacer multitud de milagros en favor de los más débiles. Uno que pudo mirarte muchas veces a los ojos y ver en ellos tu bondad infinita y la insondable profundidad de tu amor por los hombres. ¡Pero así son las cosas con nosotros, Señor! Somos tan contradictorios… Admiramos una cosa y hacemos otra; reconocemos dónde está el bien pero obramos el mal; estamos hechos para amar y preferimos odiar…

Pienso, Señor, en cuántas veces, a lo largo de mi vida, he actuado contigo como lo hizo Judas; cuántas veces, Señor, sabiendo que me amas y quieres siempre lo mejor para mí, he renegado de tus enseñanzas, porque no se ajustan a mis caprichos; cuántas veces, Señor, te he dado besos mentirosos, besos de traición; cuántas veces diciéndome tu amigo no he dudado en actuar como un enemigo, o al menos como alguien que no sabe nada de ti… En mayor o menor medida, no importa… porque al fin y al cabo te he fallado.

ORACIÓN

Jesús, no quiero seguir por el camino que llevo. Quiero cambiar. Convertirme. Quiero volver a ti. A tu verdad. A tu mensaje de amor, de servicio, de libertad, de justicia y de paz… ¡Quiero volver para quedarme contigo, a tu lado, el resto de mi vida!… Dame, Señor, las gracias que necesito para hacerlo. Sin tu ayuda no podré lograrlo. Sin tu ayuda, Señor, cualquier esfuerzo es vano. Contigo lo puedo todo; sin ti no puedo nada. Estoy plenamente convencido de ello.

TERCERA ESTACIÓN:

                    JESÚS ES CONDENADO POR EL SANEDRIN 

DEL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS (14, 53 – 64):

Entonces llevaron a Jesús a donde el sumo sacerdote. Allí se reunieron todos los sumos sacerdotes, los ancianos y los escribas. Pedro lo fue siguiendo desde lejos hasta entrar en el patio del palacio del sumo sacerdote, donde se sentó con los sirvientes para calentarse junto al fuego.

Los sumos sacerdotes y todo el sanedrín buscaban algún testimonio contra Jesús para condenarlo a muerte, pero no lo encontraban. Aunque muchos dijeron falsos testimonios contra él, los testimonios no concordaban. Unos se presentaron para dar un falso testimonio contra él y dijeron: – Nosotros lo oímos decir que destruiría este santuario, fabricado por los hombres, y en tres días construiría otro no fabricado por los hombres. Pero tampoco en este testimonio estaban de acuerdo. Entonces el sumo sacerdote se puso de pie en medio de todos y le preguntó a Jesús: – ¿No respondes nada? ¿Qué hay de cierto en lo que dicen los testigos contra ti? Pero Jesús seguía callado, sin responder nada. El sumo sacerdote volvió a preguntarle: – ¿Eres tú el Mesías, el Hijo del Dios bendito? Jesús respondió: – Sí, lo soy, y van a ver al Hijo del hombre sentado a la derecha del Todopoderoso y venir entre las nubes del cielo. El sumo sacerdote se rasgó las vestiduras y dijo: – ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Ustedes mismos han  oído la blasfemia. ¿Qué les parece?  Y todos decidieron que merecía la pena de muerte.

CONSIDERACIÓN

Ni siquiera están divididos. Sus antipatías y rencillas desaparecieron. Han tomado la misma decisión. Es necesario deshacerse de ti, sea como sea, y para eso es preciso estar de acuerdo, unidos. De otra manera no podrán lograrlo. ¡Ah! Y tampoco importan los medios. Cualquier cosa se vale. ¡Hasta los testigos falsos!…

Hablan, dan razones, interrogan a quienes dicen tener pruebas en tu contra, exponen sus criterios, y tú permaneces callado, en silencio. Un silencio profundo. Un silencio lleno de paz y de fe. Un silencio absolutamente desconcertante para tus enemigos… ¿Por qué no te defiendes?… ¿Por qué no explicas las cosas?… Si lo hicieras tal vez lograrías conmoverlos…

También a mí, Señor, me impresiona esta actitud tuya… Me impresiona y me pone a pensar… Imagino el dolor de tu corazón, tu sufrimiento interior… Y también, la fuerza de tu carácter, tu voluntad inquebrantable, tu deseo sincero de hacer siempre y en todo, la Voluntad de Dios. Por eso no vacilas. Por eso no te excusas ni das explicaciones. Confías plenamente en el amor de tu Padre. No hay nada más fuerte ni más claro que ese amor. Su amor y su verdad son lo único que realmente vale la pena.

ORACIÓN

En memoria de este momento de tu Pasión, yo te pido Jesús, que me ayudes a crecer en la fe. Quiero creer en ti y en tu palabra cada vez con más fuerza. Quiero hacer de tu Evangelio mi programa de vida. No importa lo que pase. No importa lo que me cueste. No importa lo que los demás digan de mí. Lo único que realmente importa es que yo pueda parecerme un poco a ti; que crea como tú, que ame como tú, que espere como tú; que sea capaz de defender tu verdad hasta la muerte.  

CUARTA ESTACIÓN:

                       JESÚS ES NEGADO POR PEDRO

DEL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS (14, 66 – 72):

Simón Pedro y otro discípulo se fueron detrás de Jesús. Ese otro discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús al patio del palacio del sumo sacerdote, mientras que Pedro se quedó fuera junto a la puerta. Entonces el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, salió y habló con la portera e hizo entrar a Pedro.

Cuando estaba Pedro abajo en el patio, llegó una de las sirvientas del sumo sacerdote, vio a Pedro calentándose, se quedó mirándolo y le dijo: – Tú también estabas con ese hombre de Nazaret, con Jesús. Pero Pedro lo negó diciendo: – Ni sé, ni entiendo lo que quieres decir. Y salió afuera, delante de la puerta. Entonces cantó un gallo. La sirvienta, al verlo, empezó a decir otra vez a los que estaban presentes: – Este es de esa gente. Pero Pedro volvió a negarlo. Y poco después los que estaban presentes dijeron otra vez a Pedro: – Claro que tú también eres de esa gente, pues también eres galileo. Pero él empezó a jurar y a renegar: – ¡Ni siquiera conozco a ese hombre de quien están hablando! Y en seguida cantó un gallo por segunda vez. Pedro se acordó de lo que le había dicho Jesús: que antes que cantara dos veces el gallo, lo negaría tres veces, y se echó a llorar.

CONSIDERACIÓN 

Primero vino la traición de Judas; después el abandono de todos los que te acompañaban en Getsemaní; y ahora sucede esto. Ni siquiera Pedro, tu gran amigo, fue capaz de mantenerse fiel… Se creía fuerte, más fuerte que todos, pero no lo era… el miedo lo venció… Como un niño pequeño recurrió a la mentira para escapar de la situación, pero finalmente no pudo hacerlo. Su conciencia le reveló su cobardía.

No puedo juzgar a Pedro porque yo también lo he sido, y muchas veces… Más de las que quisiera. Cobarde, temeroso, vacilante, pusilánime, receloso… Incapaz de decidirme por ti completamente. Incapaz de entregártelo todo. Incapaz de poner tu mensaje de amor y de servicio por encima de mis intereses particulares, de mis deseos, de mis caprichos. Incapaz de dejar a un lado el qué dirán. Incapaz de renunciar a ideas y propuestas que no se compaginan con tus enseñanzas. En fin.

ORACIÓN

Hoy, Jesús, quiero pedirte perdón por todas mis faltas y pecados, y como Pedro llorar de arrepentimiento. No puedo ni quiero seguir siendo el mismo que he sido hasta hoy. Estar a tu lado sólo cuando las cosas me van bien, y abandonarte en los momentos de prueba; seguirte cuando lo que me pides es fácil y desentenderme de ti cuando quieres hacerme avanzar en el proceso de conversión; decir que soy tu amigo y seguidor sólo cuando no corro riesgos.

Dame tu gracia para vencer todos mis temores, para dar muerte a todos mis miedos; hazme valiente y decidido por ti y por el Evangelio que es tu palabra de verdad y de amor. ¡Cómo podré dejarte si solo tú tienes palabras de Vida eterna! 

QUINTA ESTACIÓN:

                        JESÚS ES JUZGADO POR PILATOS

DEL EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN (18, 28 – 39):

De donde Caifás, se llevaron a Jesús al pretorio. Ya había amanecido. Pero los que lo llevaron no entraron al pretorio para no quedar impuros y poder así comer el cordero pascual. Pilatos salió a donde estaban ellos y les preguntó: – ¿Qué acusación tienen contra ese hombre? Ellos le respondieron: – Si no fuera un criminal no te lo hubiéramos entregado. Pilatos les dijo: – Llévenselo ustedes y júzguenlo según su ley. Los judíos le contestaron: – Nosotros no tenemos autoridad para dar muerte a nadie. Así debía cumplirse lo que Jesús había dicho para indicar la manera como iba a morir.

Entró de nuevo Pilatos al pretorio, llamó a Jesús y le preguntó: – ¿Eres tú el rey de los judíos? Jesús le respondió: – ¿Dices tú esto por tu propia cuenta, o porque otros te lo dijeron de mí? Pilatos respondió: – ¡Yo no soy judío! Gente de tu propio pueblo y los sumos sacerdotes vinieron aquí a entregarte. ¿Qué fue lo que hiciste? Jesús respondió: – No es el mundo el que me ha hecho rey. Si el título de rey me viniera de este mundo, tendría gente a mi servicio que pelearía para que yo no cayera en manos de las autoridades judías. Pero mi título de rey no viene de aquí abajo. Pilatos le dijo:

 – Entonces, ¿sí eres rey? Jesús le respondió: – Eres tú quien lo dices. Yo he nacido y venido al mundo para esto: para dar testimonio de la verdad. Todo el que está por la verdad escucha mi voz. Pilatos le preguntó: – ¿Y qué es la verdad? Pero al decir esto salió de nuevo a hablar con los judíos y les  dijo:    – Yo no encuentro en él razón alguna para condenarlo.

CONSIDERACION

Es extraño, por decir lo menos. Era tan importante para las autoridades judías deshacerse de ti, que aunque hacía ya tiempo luchaban contra los romanos, porque los oprimían, no dudaron en acudir a Pilatos, el representante del emperador, para conseguirlo; las leyes judías no permitían dar muerte a nadie, pero las leyes romanas sí, y frente a alguien como tú, cualquier estrategia era válida. ¡Aunque fuera en contra de lo que se había dicho siempre! ¡Aunque actuaran en detrimento de la verdad y de la justicia! ¡Aunque significara una afrenta a la historia y a la fe!

Y Pilatos entró en el juego. Sabía que no era un caso para él, pero no renunció a la satisfacción que le producía ser tenido en cuenta en una circunstancia como esta. Al fin y al cabo él era la autoridad más alta en aquellas tierras… Pilatos preguntaba pero no escuchaba tus respuestas… Si te hubiera escuchado con atención, no se habría atrevido a condenarte.

Imagino, Señor, tus sentimientos en esta nueva situación. Al dolor de ser rechazado por las autoridades de tu pueblo, se sumó su hipocresía. Si es duro sentirse rechazado, lo es mucho más cuando quien nos rechaza es alguien que debería querernos; si es duro sentir que se comete una injusticia en contra nuestra, lo es mucho más cuando esa injusticia da lugar a componendas; si es duro ser condenado, lo es mucho más cuando se hace cualquier cosa, hasta lo más inusitado, para realizar la condena.

ORACIÓN

Dame, Señor, tu gracia, para ser un cristiano de una sola pieza. Un cristiano decidido a todo por ti y por el Evangelio. Un cristiano comprometido con la totalidad de tu mensaje. No quiero hacer pactos de ninguna clase. No quiero tratar de amoldar mi vida a las circunstancias del mundo actual que van en contravía de tus enseñanzas. Necesito que me ilumines y me fortalezcas con tu Santo Espíritu.     

SEXTA ESTACIÓN:

                  JESÚS ES FLAGELADO Y CORONADO DE ESPINAS

DEL EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN (19, 1 – 3):

Entonces Pilatos se llevó a Jesús y lo hizo azotar. 

Los soldados lo introdujeron en el palacio, es decir, en el pretorio, y reunieron a toda la tropa. Lo vistieron con un manto rojo, trenzaron una corona de espinas y se la pusieron. Luego comenzaron a saludarlo diciéndole: – ¡Viva el rey de los judíos! Y le pegaban en la cabeza con una caña, lo escupían, se arrodillaban delante de él y le hacían reverencia.

CONSIDERACIÓN

A la injusticia de las autoridades judías, que querían a toda consta tu muerte, y la incapacidad de Pilatos para juzgarte con verdad, como corresponde a un buen gobernante, se suma ahora la crueldad de los soldados romanos, encargados de darte un castigo ejemplar.

Aprovechando las circunstancias que te pusieron en sus manos, hicieron sentir su fuerza de verdugos especialmente entrenados, en el episodio de la flagelación, y luego, por iniciativa propia, añadieron a su crueldad, la humillación de las burlas y el dolor lacerante de la corona de espinas, que hirió sin misericordia tu cabeza. La sangre no demoró en salir a borbotones por las heridas abiertas… Y el corazón, tu corazón, también sangrante, aceleró sus latidos… Pero quienes querían deshacerse de ti, no se dejaron conmover.

¿Cómo fuiste capaz, Señor, de resistir una tortura semejante?… ¿Cómo lograste permanecer humilde y callado ante tanta injusticia?… ¡Hay que tener muy buenas razones para hacerlo!… ¡Hay que tener mucha fe!… ¡Hay que amar mucho para conseguirlo!…

ORACIÓN

Acompañándote hoy, con el corazón, quiero pedirte, Señor, por todas las personas que sufren en su cuerpo o en su alma. Por los pobres que no pueden satisfacer sus necesidades humanas; por los enfermos que viven atados a los dolores y limitaciones de su enfermedad; por los ancianos solos y desamparados; por los tristes y deprimidos, que no tienen esperanza; por los secuestrados, que han sido cruelmente separados de sus familias; por los presos; por los que padecen violencia física o moral, venga de donde venga; por las víctimas de nuestras injusticias; por los que padecen las consecuencias de la guerra que nos desangra. Que mirándote a ti, encuentren la manera de dar un sentido a sus sufrimientos. 

SÉPTIMA ESTACIÓN:

                              JESÚS ES CARGADO CON LA CRUZ

DEL EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN (19, 4 – 17):

Entonces salió Pilatos otra vez y les dijo a los judíos: – Miren: aquí se los traigo. Quiero que se den cuenta de que no encuentro en él razón alguna para condenarlo. Y salió Jesús con la corona de espinas y el manto rojo. Pilatos les dijo: – ¡Ahí tienen al hombre!

Apenas lo vieron los sumos sacerdotes y los sirvientes, gritaron: – ¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo! Pilatos les dijo: – Llévenselo ustedes y crucifíquenlo. Porque yo no encuentro en él razón para condenarlo. Los judíos le replicaron: – Nosotros tenemos una Ley, y según esa Ley tiene que morir, porque se declaró Hijo de Dios.

Cuando oyó Pilatos estas palabras, se fue atemorizando más y más; y entró de nuevo al pretorio y le preguntó a Jesús: – ¿De dónde eres? Pero Jesús no le respondió. Entonces Pilatos le dijo: – ¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para dejarte libre y también para crucificarte? Jesús le respondió: – No tendrías autoridad sobre mí si Dios no te lo permitiera. Por eso, más culpable es el que me entregó a ti. Al oír esto, Pilatos trató de dejarlo libre. Pero los judíos gritaron: – Si dejas libre a este, no eres amigo del emperador, porque todo el que se proclama rey se pone en contra del emperador. Cuando Pilatos oyó estas palabras, sacó a Jesús y se sentó en el tribunal, en el sitio que llamaban “el empedrado”, en hebreo Gabatá. Era la víspera de la Pascua, alrededor del mediodía. Entonces les dijo a los judíos: – ¡Ahí tienen a su rey!

Ellos gritaron: – ¡Qué muera! ¡Qué muera! ¡Crucifícalo! Pilatos les dijo: – ¿Quieren que crucifique a su rey? Los sumos sacerdotes respondieron: – ¡No tenemos más rey que el emperador! Entonces Pilatos se los entregó para que lo crucificaran.

Se llevaron, pues, a Jesús. Y cargando con la cruz, salió de la ciudad hacia el llamado “Lugar de la calavera”, o en hebreo Gólgota.

CONSIDERACIÓN

¡Hasta dónde somos capaces de llegar los hombres!… ¡Qué cosas horribles somos capaces de hacer!… Condenar a muerte a alguien como tú… Sin tener pruebas de nada… Sabiendo que lo que estamos haciendo no es justo… Que simplemente obramos por conveniencia… Para conservar una posición… Para salir adelante con nuestras ideas… Para imponer nuestros criterios, porque nos sentimos dueños de la verdad…  

¡Hasta dónde somos capaces de llegar los hombres, y hasta dónde eres capaz de llegar tú… con tu amor por nosotros!… Sin decir una sola palabra en tu defensa, recibes la cruz y comienzas a caminar hacia el Calvario… El proyecto salvador de Dios es lo único que importa, y adherirte a él, lo más grande que puedes realizar… No es hora de defenderse, no vale la pena… No entenderían… ¡Es hora de amar y de darlo todo por el amor… amando!…

Contemplarte cargado con la cruz en la que has de morir, me hace pensar Señor, en mis pecados; todos ellos la hacen más grande y más pesada. Viniste al mundo para salvarnos, para liberarnos de nuestros pecados, con tus enseñanzas de amor y de vida, y mira lo que hacemos… ¡Continuamos pecando y te llevamos a la muerte!… Pero el pecado, Señor, por tu presencia en nuestro mundo, tiene una salida… ¡Con tu ayuda, Señor, podemos vencerlo, podemos superarlo!…

ORACIÓN

Dame la gracia, Señor, de saber reconocer mis culpas y pecados, los grandes y los pequeños, los que te ofenden en tu bondad y los que hacen daño a las personas que viven cerca de mí. Reconocer mis debilidades, y mis pecados, unirme a ti, y de tu mano emprender el camino de regreso al amor infinito de Dios Padre.

OCTAVA ESTACIÓN: 

            JESÚS ES AYUDADO POR EL CIRINEO A LLEVAR LA CRUZ

DEL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS (15, 21):

En el camino obligaron a un tal Simón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, que llegaba del campo, a cargar la cruz de Jesús.

CONSIDERACIÓN

Caminar con la cruz no es fácil para ti. ¡Estás tan herido en el cuerpo y en el alma! Pasaste la noche sin poder descansar, llevado de aquí para allá, sin ninguna consideración. No has tomado ningún alimento… La flagelación y la coronación de espinas, redujeron tus fuerzas al mínimo… Has derramado ya una buena cantidad de sangre… Esto, sin hablar de la tristeza que siente tu corazón por la traición de Judas, la negación de Pedro, y el abandono de todos tus amigos y discípulos… Muchos en tu lugar, yo entre ellos, no habrían sido capaces ni siquiera de recibir la cruz…

Es tan grave tu situación, tan dolorosa, que los soldados romanos se compadecen de ti, y buscan quien pueda ayudarte… Simón el cirineo, es el elegido… Pasaba por allí y sin saber cómo ni por qué, queda involucrado en tu historia… El tiene la fuerza que tú no tienes… la que perdiste por la crueldad del castigo que te dieron antes de la condena…

Como tú, Señor, el mundo está lleno de hombres y mujeres que sufren toda clase de males y dolores… Llevan cruces pesadas que no pueden levantar… Cruces que muchas veces los hunden en la desesperanza… Cada día es más grande su dolor… Cada día es más intenso su suplicio…

ORACIÓN

Siguiendo el ejemplo del cirineo, yo, que gozo de una vida relativamente cómoda y tranquila, en todos los aspectos, me ofrezco a ti, hoy, Señor, para ayudar en todo lo que pueda – a quienes viven cerca de mí y padecen por cualquier causa, seguro como estoy, de que al hacerlo, también te ayudo a ti, que padeces y mueres con el dolor de todos los humanos, ahora y por todos los siglos.    

NOVENA ESTACIÓN:

               JESÚS ENCUENTRA A LAS MUJERES DE JERUSALÉN

DEL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (23, 27 – 31): 

Mucha gente y muchas mujeres que lloraban y gritaban de tristeza por Jesús, lo seguían. Pero Jesús las miró y les dijo: – Mujeres de Jerusalén, no lloren por mí, sino por ustedes y por sus hijos. Porque vendrán días en los que se dirá: “Dichosas las que no pueden tener hijos…”. Entonces comenzará la gente a decir a los montes: “¡Caigan sobre nosotros!”, y a las colinas: “¡Escóndanos!” Porque si esto hacen con el árbol verde, ¿qué no harán con el seco?

CONSIDERACION

¡Sólo sucede contigo, Señor!… Estando como estás, y no dejas de preocuparte por las personas que encuentras en tu camino… En este caso, algunas mujeres que lloran compadecidas al verte.

¡Tienes un corazón de oro!… Más que tu propio dolor y la situación que enfrentas, camino de la muerte, te preocupan las circunstancias de quienes, por su lugar en la sociedad y su condición de inferioridad, pueden verse envueltos en acontecimientos semejantes o peores. Si esto hacen contigo las autoridades legítimas de tu pueblo, si esto te sucede a ti, que eres el Hijo de Dios, y con tu palabra y tu vida lo has demostrado, ¡qué no harán con quienes parecen no tener derechos!…

Han pasado veinte siglos, Señor, nuestra sociedad se considera a sí misma una sociedad desarrollada; la ciencia y la técnica, han avanzado notablemente… y también el pensamiento… Sin embargo, continuamos siendo injustos, y nuestra sociedad sigue siendo excluyente… Intolerante, celosa, discriminadora, en todos los sentidos… Por raza, por sexo, por edad, por condición social, por condición económica, por grupo político, por religión, en fin. 

ORACIÓN

Ayúdanos, Señor, a tomar conciencia de esta realidad, y a ponerle fin de una vez por todas. No podemos seguir así; no podemos seguir tratándonos así… Como si fuéramos unos desconocidos… Como si fuéramos distintos, cuando esencialmente somos iguales… Dios Padre nos creó semejantes a Él e iguales entre nosotros, y tú con tu vida y tu muerte, ratificaste lo hecho.  Que los derechos humanos, que tanto se anuncian, sean derechos para todos… Incluso para quienes aún no han nacido, y para quienes están ya próximos a la muerte. Porque tú eres el único dueño de la vida.         

DÉCIMA ESTACIÓN:

                                  JESÚS ES CRUCIFICADO

DEL EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN (19, 18 – 22): 

Cuando llegaron al Calvario lo crucificaron, y con él a otros dos: uno a cada lado, y a Jesús en el centro.

Pilatos, además, mandó escribir un letrero para ponerlo encima de la cruz. Lo que estaba escrito era: “JESUS DE NAZARET, REY DE LOS JUDIOS”.

Como el sitio donde Jesús fue crucificado estaba cerca de la ciudad y el letrero estaba escrito en hebreo, latín y griego, muchos judíos lo leyeron. Pero los sumos sacerdotes de los judíos le dijeron a Pilatos: – No deberías haber escrito “EL REY DE LOS JUDIOS”, sino “DIJO QUE ERA EL REY DE LOS JUDIOS”. Pilatos respondió: – Lo que escribí, escrito queda.

CONSIDERACION

Las autoridades judías obtuvieron finalmente lo que buscaban, y fuiste crucificado, Señor. Desnudado, unido cruelmente a la cruz, y como si fuera poco, colocado en medio de dos malhechores, para hacer aún más grande tu humillación. Pero la verdad se impone por sí misma, y eso fue precisamente lo que ocurrió en esta ocasión. El letrero que mandó poner Pilatos, sobre la cruz, como causa de tu condena, proclamó, de una vez por todas, quién eres realmente: Tú, Señor, eres el Rey de los judíos y de toda la humanidad, el Mesías anunciado y esperado, el Hijo eterno de Dios, nuestro Señor y nuestro Salvador.

¿Un rey crucificado?… ¿El Mesías de Dios juzgado y condenado como un criminal?… ¿El Hijo de Dios expuesto a la burla de todos, en medio de dos ladrones?… ¿El Salvador prometido víctima de la injusticia?… ¡Es extraño! Más que eso, es ¡absolutamente incomprensible!… No hay modo de explicarlo, y mucho menos de entenderlo… No es lo que habíamos previsto… Lo que deseábamos… ¡Un Dios crucificado es impensable!…

Mirarte en la cruz, Señor, me estremece… me inquieta… me interroga… ¡Tienes que amarnos mucho para haber aceptado en silencio un sacrificio tan grande! Si dar la vida es ya una prueba, lo es mucho más, darla de manera semejante: en medio de las burlas de la gente, abandonado por los que decían ser tus amigos y seguidores, acosado por dolores físicos difíciles de imaginar, en total humillación y soledad… Como un absoluto fracasado… ¿Qué quieres decirnos con esto?… ¿Qué debemos entender?…

ORACIÓN

Postrado de rodillas delante de ti, Señor, te pido con todo el corazón, que me enseñes a ser humilde como tú; la humildad es la virtud cristiana por excelencia desde el mismo momento de tu encarnación en el vientre de María. Humilde, fiel a mis principios, y defensor de los derechos de los que padecen cualquier clase de injusticia y persecución, por parte de quienes se creen superiores a los demás, y no les tiembla la mano para nada, con tal de imponerse. Humilde y fiel a ti y a tus enseñanzas de amor y entrega generosa.

UNDÉCIMA ESTACIÓN:

                   JESÚS PROMETE SU REINO AL BUEN LADRON

DEL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (23, 39 – 43):

Uno de los criminales que estaba colgados con Jesús, lo insultaba: – Si tú eres el Mesías, sálvate a ti mismo y sálvanos también a nosotros. Pero el otro reprendió a su compañero diciéndole: – ¿No tienes temor de Dios, tú que estás en el mismo castigo? Nosotros estamos sufriendo con toda razón, porque estamos pagando el justo castigo de lo que hemos hecho; pero este hombre no hizo nada malo. Luego añadió: – Jesús, acuérdate de mí cuando comiences a reinar. Jesús le contestó: – Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso.

CONSIDERACIÓN

Los dos ladrones crucificados contigo, Jesús, representan sin duda, las únicas dos posturas que los seres humanos podemos tomar frente a ti: abrir las puertas del corazón y acogerte con sinceridad, o rechazarte claramente. No hay posibilidad de situaciones intermedias. Una y otra marcan, indefectiblemente, el destino final de nuestra vida.

Pero tú no te dejas vencer fácilmente, por nuestro abandono. Es maravilloso ver, Señor, como en momentos tan difíciles para ti, como este de la cruz, mantienes tus oídos atentos y tu corazón dispuesto a escuchar nuestras súplicas y darnos tu perdón. Lo dijiste en tu predicación y lo confirmas ahora: “Habrá más alegría en el cielo, por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse” (Lucas 15, 7)

ORACIÓN

En este momento, Señor, en el que contemplo tu dolorosa Pasión, quiero decirte, con toda la humildad y la sinceridad de que soy capaz, que como Dimas, tu compañero de suplicio, me reconozco pecador. Muchas más veces de las que logro darme cuenta, obro en contra de tus enseñanzas; muchas más veces de las que quisiera, soy egoísta, vanidoso, falso, insensible a las necesidades de quienes viven a mi lado, superficial… Muchas más veces de las que me atrevo a confesar, soy autoritario, intolerante, infiel, incapaz de demostrar y defender mi fe en ti en todas las circunstancias de mi vida… Muchas más veces de las que soy capaz de aceptar, soy mediocre, violento, impuro, envidioso, codicioso… en fin.

Perdóname, Señor, te lo suplico. Perdóname y dame la gracia que necesito, para vivir permanentemente en actitud de conversión. Perdóname y fortaléceme. Sólo con tu fuerza y tu protección, lograré vencer mi inclinación natural al pecado. Sólo dejándome conducir por ti y tu amor salvador, lograré enderezar mi corazón y llevar mi vida por tus caminos.

DUODÉCIMA ESTACIÓN:

                     JESÚS EN LA CRUZ, SU MADRE Y EL DISCÍPULO

DEL EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN (19, 25 – 27):

Junto a la cruz de Jesús estaban también su madre, la hermana de su madre, María de Cleofás y María Magdalena. Al ver a su madre y cerca de ella al discípulo que él tanto amaba, Jesús le dijo: – Mujer, este es tu hijo. Luego dijo al discípulo: – Esta es tu madre.

CONSIDERACIÓN

Conociéndola, era de suponer… ¿Cómo iba a dejarte solo?… ¿Cómo iba a permitir que no sintieras su amor en este momento crucial de tu vida?… Ni siquiera lo pensó. Tan pronto supo lo que sucedía, salió aprisa a buscarte, para hacerte saber que estaba contigo. Que sucediera lo que sucediera ella te amaba más que nadie en el mundo. Que sucediera lo que sucediera, ella permanecería a tu lado hasta el último aliento. Menos mal que encontró quien la siguiera y estuviera a su lado para sostenerla en la agonía.

¡Qué buenas son las madres, Señor!… ¡La tuya, indudablemente la primera!… Imagino su dolor al verte en estas circunstancias, y el corazón se me estremece… Imagino tu dolor viéndola allí, tan cerca, sin poder abrazarla, sin poder consolarla… y sucede lo mismo… Han pasado muchas cosas desde aquel día en que un ángel le anunció tu nacimiento… Muchas cosas que ella no ha entendido… ¡Y lo que sucede ahora lo entiende menos!… Las únicas palabras que vienen a su mente son aquellas que pronunció al comienzo de la gran aventura que Dios le proponía: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí, según tu palabra” (Lucas 1, 38), y son estas las que repite una y otra vez… Son la confirmación de su fe, de su amor, de su entrega…

ORACIÓN

Delante de María y con ella como intercesora, quiero pedirte, Señor, por los méritos de este momento de tu Pasión, que bendigas a todas las madres del mundo, y les ayudes a ser para sus hijos lo que ellos necesitan. Fortalece a las que están en circunstancias difíciles, para que sean capaces de vencer las opciones que el mundo les presenta como opciones de liberación. Y a todas las mujeres, Señor, ayúdales a ser constantes defensoras de la vida y de la familia auténtica, como fundamento de la verdadera sociedad. 

DECIMOTERCERA ESTACIÓN:

                               JESÚS MUERE EN LA CRUZ 

DEL EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN (19, 28 – 30):

Sabiendo ya que todo estaba cumplido, y para que la Escritura se cumpliera hasta el final, Jesús dijo: – Tengo sed. Había allí una vasija llena de vinagre. Empaparon, pues, una esponja, la ataron a una rama de hisopo y se la acercaron a la boca. Después de beber el vinagre, dijo Jesús: – Todo está cumplido. E inclinando la cabeza, entregó su espíritu.

CONSIDERACIÓN

Tus últimas palabras en la cruz, Señor, nos remiten al comienzo mismo de tu Pasión, cuando orabas al Padre pidiéndole su ayuda para enfrentar con valor los momentos que preveías… “Pero no se haga mi voluntad sino la tuya” (Lucas 22, 42); Dios Padre te dio su fuerza, y tú fuiste capaz de cumplir a cabalidad su proyecto: amarnos hasta el extremo… hasta la muerte, entregar tu vida, sin vacilaciones ni dudas, por amor a nosotros.

Se dice muy fácil… Toda la vida lo hemos oído y lo hemos dicho, y ya estamos acostumbrados a ello… Se dice muy fácil… ¡Pero cuánto te costó a ti!… ¡Cuánto dolor físico! ¡Cuánto dolor espiritual! ¡Cuánta soledad! ¡Cuánto miedo!… ¡Cuánto amor!… Porque esto sólo se puede hacer por amor, por nada más. Un amor grande, inmenso, profundo… Un amor totalmente gratuito… Ninguno de nosotros, por bueno que sea, merece el más mínimo sufrimiento tuyo… Ninguno de nosotros, por más bueno que parezca, merece una lágrima tuya… una gota de tu sangre.

ORACIÓN

Yo te pido, Señor, con todo mi corazón, que me hagas capaz de valorar adecuadamente, este gesto tuyo de morir por nosotros. No quiero de ninguna manera pensar, simplemente, que lo que sucedió contigo era lo que tenía que suceder… ¿Acaso es normal que Dios muera por los hombres? ¡No! ¡No es normal! Lo único normal sería que los hombres muriéramos por Dios; pero tú hiciste todo lo contrario. Nosotros somos los pecadores y tú eres el justo. ¡Y tú, el justo, es el que muere; y lo hace por propia decisión, por fidelidad; por un acto de amor infinito!… Todo en nuestra historia de salvación es absoluta gratuidad. Todo en nuestra historia de salvación es fruto de tu amor inigualable, de tu misericordia sin límites…

Dame Señor, el don de tomar conciencia de esta verdad fundamental, y que mi vida entera sea una constante acción de gracias.

DECIMACUARTA ESTACIÓN:

                     JESÚS ES COLOCADO EN EL  SEPULCRO

 

DEL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS (15,42 – 47):

Era día de Preparación, es decir, víspera de sábado. Por eso al atardecer, José de Arimatea, miembro notable del Sanedrín, que también esperaba el Reino de Dios, tuvo la audacia de presentarse ante Pilatos para pedirle el cuerpo de Jesús. Pilatos se extrañó de que hubiera muerto ya; hizo llamar al centurión y le preguntó si hacía mucho que había muerto. Informado por el centurión, entregó el cadáver a José.

José compró una sábana, bajó el cuerpo de Jesús, lo envolvió en ella y lo depositó en un sepulcro cavado en la roca. Después hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro.

María Magdalena y María la de José, estuvieron mirando dónde lo colocaban.

CONSIDERACIÓN

Morir… La muerte es un misterio que los hombres no logramos entender… Un misterio que convive con nosotros durante todo el tiempo que vivimos en este mundo… Un misterio oscuro, indescifrable… Un misterio que por su misma condición, por lo que hace, nos da miedo, nos angustia, nos entristece… Nuestra propia muerte y la muerte de las personas que amamos…  La muerte interrumpe abruptamente nuestras realizaciones, frustra nuestros planes, nos deja solos, desamparados… Cualquiera sea la causa próxima de la muerte, significa para nosotros un profundo dolor…  

Pero es necesario morir: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto” (Juan 12, 25).  La vida que vivimos en este mundo, tiene que terminarse… Aunque parezca raro decirlo, la muerte es necesaria, aunque evidentemente no lo es la forma violenta y arbitraria como tú moriste… Es necesario morir para resucitar… Para obtener una vida nueva… una vida totalmente renovada, la verdadera vida… la que ya no terminará nunca.

ORACIÓN

Contemplando tu cadáver, Jesús, la realidad de la muerte se me hace especialmente presente. También yo tengo que morir… ¿Cómo será mi muerte?… ¿Cuándo ocurrirá?… Y luego, ¿qué será de mí?… Sólo quiero pedirte una cosa Señor… Que mi muerte sea como la tuya: que tenga un sentido… Y para ello, tengo que darle sentido a mi vida de ahora… Tengo que vivir como tú viviste: amando… El amor es el enemigo número uno de la muerte, porque el amor es vida. El amor enriquece la vida. El amor da vida a la muerte.  

CONCLUSION

 

Cuando acompañamos a Jesús en el camino del Calvario, recorremos con él EL CAMINO QUE LO LLEVA A LA GLORIA. 

La cruz de Cristo no es un fracaso. Por el dolor y la ignominia llega el triunfo de la RESURRECCION.

El MISTERIO PASCUAL DE JESUS sólo culmina con su resurrección y vuelta al Padre en la Ascensión.

Nuestro peregrinar por el mundo hace camino ensangrentado por el dolor que nos causa llevar la cruz de cada día… pero nuestra mirada debe estar siempre puesta en la resurrección.

Si vamos acompañados por Jesús, cada día será un paso más hacia nuestro triunfo definitivo: el día de nuestra propia PASCUA.

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