SEMILLA DE MOSTAZA

PARA REFLEXIONAR SOBRE LA FE Y ORAR

VÍA CRUCIS DE JESÚS (2)

VIA CRUCIS

DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

MOTIVACIÓN INICIAL

La vida de Jesús fue una entrega obediente a la Voluntad salvadora de Dios; y esta entrega llega a su momento culminante, con su dolorosa Pasión y su ignominiosa Muerte en la cruz.

La oración del Via crucis, es una oración llena de significado. Por eso la Iglesia nos invita a meditarlo, de una manera especial, durante el tiempo de Cuaresma.

En el Via crucis nos hacemos contemporáneos de Jesús, y testigos de su inmenso sufrimiento, y también de su infinito amor por todos y cada uno de los hombres y mujeres del mundo y de la historia.

Pongámonos en la presencia de Dios, y pidámosle que nos dé la gracia de penetrar con nuestro entendimiento y nuestro corazón en el sentido más profundo de la pasión y muerte de Jesús, mientras meditamos cada una de las estaciones de este Via crucis.

Por la señal de la santa cruz…

PRIMERA ESTACIÓN:

JESÚS ES SENTENCIADO A MUERTE

REFLEXIÓN:

Jesús es sentenciado no por una persona, ni por un tribunal, como a primera vista parece, sino por todos. Todos los hombres y mujeres de todos los tiempos y lugares, tenemos algo que ver en su condena a muerte.

Rechazado y ofendido por los mismos que le habían aclamado poco antes, Jesús calla… Permanece silencioso, como si estuviera en oración; en actitud de suprema humildad y obediencia. Nosotros, en cambio, huimos de ser criticados o rechazados, y cuando alguien lo hace, saltamos inmediatamente en nuestra propia defensa, ofendiendo a quien nos ha ofendido.

Danos, Señor, la gracia de imitarte, uniéndonos a Ti por el silencio y la actitud humilde, cuando alguien nos haga sufrir con sus críticas, reproches y condenas. De una manera o de otra las merecemos. ¡Ayúdanos porque queremos parecernos a ti!

SEGUNDA ESTACIÓN:

JESÚS ES CARGADO CON LA CRUZ

REFLEXIÓN:

“Si alguien quiere venir en pos de mí, que tome su cruz y me siga”.

Jesús recibe la cruz en la que será crucificado, y la abraza con amor; en ella están presentes las cruces que cada día de su vida ha tomado sobre sí, asumiendo la misión que el Padre le encomendó al encarnarse; los momentos difíciles que ha debido enfrentar; la fidelidad en la que ha sabido mantenerse, aún en las circunstancias más adversas.

Ayúdanos, Jesús, a comprender el valor de nuestras pequeñas cruces de cada día: la soledad, los problemas de salud, los dolores físicos y espirituales, las dificultades económicas, los problemas familiares, los desengaños…

Que todas ellas se conviertan en ofrenda amorosa, en reparación por nuestros pecados personales, y también por los de nuestros familiares, y de todas las personas con quienes convivimos.

TERCERA ESTACIÓN:

JESÚS CAE, POR PRIMERA VEZ, BAJO EL PESO DE LA CRUZ

REFLEXIÓN:

Quien nunca cayó en el pecado, cae ahora agotado y sin fuerzas, sumido en el dolor físico y emocional de la condena injusta. Jesús cae para redimirnos; para ayudarnos a levantarnos de nuestras caídas diarias, cuando después de habernos propuesto ser fieles, volvemos a nuestros pasos de antes, y pecamos de nuevo.

Ayúdanos, Jesús, a levantarnos siempre, después de cada caída, y a seguir nuestro camino tras tus huellas.

Ayúdanos a superar nuestras fallas, y a enmendar nuestra conducta, porque queremos ser mejores discípulos tuyos, cada día.

CUARTA ESTACIÓN:

JESÚS SE ENCUENTRA CON SU MADRE

REFLEXIÓN:

No podía ser de otra manera. Al conocer la situación en la que estaba Jesús, María, como buena madre, salió a su encuentro. Quería que supiera que pasara lo que pasara, ella estaba allí, porque creía en él, en su bondad, en su amor. No pudieron abrazarse, pero sus ojos se miraron y el uno supo del amor del otro. No pudieron abrazarse, pero Jesús comprendió inmediatamente, que María creía en su inocencia, y estaba dispuesta a guardarle fidelidad por siempre.

Haz, Señor, que en todos los momentos de mi vida, me encuentre al lado de tu Madre, que es también la mía. Apoyándome en su cariño maternal, tengo la seguridad de poder llegar a Ti, cuando mi existencia terrena termine.

¡María, madre mía, ayúdame a mantenerme fiel a Jesús, en las penas y en las alegrías, en los triunfos y en las derrotas!

QUINTA ESTACIÓN:

EL CIRINEO AYUDA AL SEÑOR A LLEVAR LA CRUZ

REFLEXIÓN:

Así como el Cirineo fue escogido para ayudar a Jesús a llevar la cruz, y su vida alcanzó la plenitud en aquella hora inesperada, cada uno de nosotros hemos sido llamados a una tarea especial. Hemos venido al mundo para algo concreto; para realizarnos de una manera particular; cada cual va descubriendo la suya en el momento adecuado.

Pero hay algo, que, sin duda, es misión de todos: ser Cirineos de los demás; ayudar a quienes están cerca de nosotros a vivir con dignidad y plenitud los diferentes momentos de su historia personal.

Jesús, yo te pido hoy, en memoria de Simón de Cirene, que me des la gracia de tener el temple y la valentía necesarios para saber ayudar a quien lo necesita en el momento oportuno y con la diligencia requerida.

SEXTA ESTACIÓN:

LA VERÓNICA ENJUGA EL ROSTRO DE JESÚS

REFLEXIÓN:

Verónica fue una mujer valiente y decidida, que se acercó a Jesús cuando todos lo habían abandonado, para llevarle un poco de bienestar y de consuelo. En ella están representadas todas las mujeres que ponen por encima de su seguridad y de su comodidad, los valores de la solidaridad, la fraternidad, y el compartir.

Danos, Señor, la gracia de superar nuestro egoísmo y servir con prontitud y efectividad a nuestros hermanos que nos necesitan, olvidando todo respeto humano, y superando los miedos y los prejuicios.

SEPTIMA ESTACIÓN:

SEGUNDA CAÍDA DE JESÚS EN EL CAMINO DE LA CRUZ

REFLEXIÓN:

El Via Crucis nos señala tres caídas de Jesús en su camino hacia el Calvario. Dadas las circunstancias, pudieron ser incluso más de tres.

Jesús cae delante de todos… Cae e inmediatamente intenta levantarse, para seguir adelante… Quiere llegar pronto para consumar el cáliz que le ha dado a beber el Padre… Recurre a todas sus fuerzas y finalmente lo logra… Ya le falta poco para llegar.

Por esta segunda caída, danos, Jesús, la gracia de asumir nuestras debilidades y empezar cada mañana, de nuevo, la tarea de ser tus discípulos y misioneros.

OCTAVA ESTACIÓN:

JESÚS CONSUELA A LAS MUJERES DE JERUSALÉN

REFLEXIÓN:

El infinito sufrimiento de Jesús es motivo de compasión y de lágrimas, para algunas mujeres que caminan entre la multitud que va tras él, hacia el Calvario. Jesús las mira con amor, y les recuerda que su dolor no es más que una parte del inmenso dolor que hay en el mundo, y que también necesita ser tenido en cuenta por nosotros.

Señor, danos la gracia de sabernos compadecer de los sufrimientos de todas las personas que comparten su vida con nosotros, y la capacidad para ayudarles a sobrellevarlos o superarlos, según el caso.

Y danos también la gracia de vivir nuestros propios sufrimientos con paciencia y humildad, unidos espiritualmente a ti.

NOVENA ESTACIÓN:

JESÚS CAE POR TERCERA VEZ

REFLEXIÓN:

Jesús está agotado. Sus fuerzas físicas se están acabando, y cae por tercera vez, desfallecido de dolor. Sin embargo, sabe que tiene que llegar hasta el final, y vuelve a levantarse para continuar su camino. Cada vez está más cerca del lugar de su martirio, donde su vida alcanzará el momento definitivo: la muerte.

Señor, muchas veces nos quejamos y decimos que no tenemos fuerzas para realizar una cosa u otra; que estamos cansados de luchar; que los años nos han llenado de achaques. Muchas veces, incluso, sacamos excusas para no prestar un servicio o para hacer una oración. Por esta circunstancia especial de tu pasión te pedimos que nos concedas la gracia de mantenernos fuertes en la práctica del bien, cualquiera sean las circunstancias de nuestra vida.

DÉCIMA ESTACIÓN:

JESÚS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDOS

REFLEXIÓN:

Los soldados arrancan a Jesús sus vestidos, y al hacerlo, desgarran su carne, adherida a ellos por la sangre de las heridas producidas en la flagelación, y por el sudor derramado a causa del esfuerzo del camino.

Jesús, a infinita distancia de tu dolor, yo he sentido a veces, cómo algo se arrancaba dolorosamente de mí, con el abandono de quienes decían ser mis amigos, y con la muerte de mis seres queridos. Unido a ti en este nuevo sufrimiento, te pido me concedas la gracia de ofrecerte siempre con amor, el recuerdo de las separaciones que me desgarraron; y también, la capacidad de saber consolar a las personas que sufren por las mismas causas.

UNDÉCIMA ESTACIÓN:

JESÚS ES CLAVADO EN LA CRUZ

REFLEXIÓN:

A la desnudez sigue la crucifixión. Jesús es colocado sobre el madero horizontal de la cruz, extendido en el suelo, y se le fija a él clavando sus manos. Después se le pone de pie, y se le iza sobre el madero vertical que está clavado en el suelo, y se fija en él clavando sus pies. El dolor es infinito. Ni siquiera logramos imaginarlo; sin embargo Jesús lo resiste con valor y humildad, en un ejercicio sublime de voluntad y de amor.

Señor Jesús, ayúdame a superar mis limitaciones y debilidades con mi esfuerzo y mi dedicación, para que pueda ayudar a mis hermanos en todo cuanto ellos necesitan. Y cuando no sea posible para mí, que sepa ofrecerte por ellos, mi pequeñez, mi pobreza, y mis propios sufrimientos.


DUODÉCIMA ESTACIÓN:

JESÚS MUERE EN LA CRUZ

REFLEXIÓN:

Ante la muerte de Jesús, el silencio se impone. No hay ya nada qué decir, y tampoco nada qué explicar. Las palabras no alcnazan a expresar la infinita grandeza de este momento. El amor infinito de Dios por nosotros es un misterio insondable que sólo podemos entrever pero nunca comprender. Jesús crucificado es la imagen clara y viva del amor infinito de Dios por cada uno de nosotros. Un amor que supera todas nuestras expectativas.

Jesús, mi Señor y mi Redendor, yo te adoro y te alabo en lo más profundo de mi corazón. Te adoro y beso cada un a de tus llagas; las heridas de los clavos, la lanzada del costado… ¡Gracias, Jesús, gracias! Has muerto para salvarme, para salvarnos. Ayúdanos a responder a tu amor y tu entrega con un amor profundo y sincero; un amor que sea capaz de muchas cosas por ti, y por todos mis hermanos; para hacer presente en el mundo, cada día, este amor tuyo sin límites ni fronteras.

DÉCIMA TERCERA ESTACIÓN:

JESÚS ES BAJADO DE LA CRUZ Y COLOCADO EN LOS BRAZOS DE MARÍA

REFLEXIÓN:

Junto a Jesús estaba María, su madre. Padeciendo con él. Sufriendo con él. Amando con él.

El dolor de María es el dolor de muchas madres que en nuestro tiempo, sufren por la muerte injusta y violenta de sus hijos.

María, madre de mi Señor Jesús, y madre mía. Permíteme acompañarte en esta hora y unir mi corazón al tuyo. Déjame estar hoy y siempre a tu lado, con mi pobreza y mi pequeñez, y también con mis propios sufrimientos.

Ayuda a todas las madres del mundo que sufren a causa de sus hijos. Y ayuda a todos los hijos, para que sepan amar a sus madres como te amó a ti Jesús

DÉCIMA CUARTA ESTACIÓN:

EL CUERPO EXÁNIME DE JESÚS ES COLOCADO EN EL SEPULCRO

REFLEXIÓN:

Ya todo ha terminado. La historia de Jesús, el profeta de Nazaret, ha concluído. Sus enemigos se han ido para sus casas a celebrar la Fiesta de la Pascua. Sólo quedan con él su madre y un puñado de amigos; las mujeres han sido las más valientes; los apóstoles lo han abandonado; sólo está Juan, al lado de María.

El silencio y las lágrimas acompañan la escena de la sepultura. Sin embargo, en el ambiente hay un hálito de esperanza… ¿Sucederá algo más?… ¿Qué?…

Por tu muerte, Señor, enséñanos a ver lo transitorio de nuestra vida, y a distinguirlo de lo que perdura. Danos tu luz; ilumina nuestra vida; fortalece nuestro espíritu, y ayúdanos a vivir siempre en tu amor y en tu gracia.

ORACIÓN FINAL

Te suplicamos, Señor, que nos concedas, por intercesión de tu Madre la Virgen, que cada vez que meditemos tu Pasión y tu Muerte, quede grabado en nuestro corazón, con marca de actualidad constante, lo que Tú has hecho por nosotros y tus innumerables beneficios. Haz, Señor, que nos acompañe, durante toda nuestra vida, un agradecimiento inmenso por tu Bondad. Amén.

Virgen Santísima de los Dolores, míranos cargando la cruz de nuestros sufrimientos; acompáñanos como acompañaste a tu Hijo Jesús en el camino del Calvario; eres nuestra Madre y te necesitamos. Ayúdanos a sufrir con amor y esperanza para que nuestro dolor sea dolor redentor, que en las manos de Dios se convierta en un gran bien para la salvación del mundo. Amén.


Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: