SEMILLA DE MOSTAZA

PARA REFLEXIONAR SOBRE LA FE Y ORAR

VIACRUCIS TRADICIONAL

CAMINANDO

CON

JESÚS…

Vía crucis tradicional

  

PRIMERA ESTACIÓN

 JESÚS ES CONDENADO A MUERTE

Finalmente todo se resolvió como lo habían previsto los enemigos de Jesús: Pilatos no resistió la presión de la muchedumbre y sus jefes, y decidió entregárselos para que lo crucificaran como querían, aunque en el secreto de su corazón sabía que Jesús no era culpable de nada que mereciera un castigo tan grande; pero tenía que salvarse a sí mismo y eso era para él lo más importante en ese momento.

Jesús enfrenta la condena de Pilatos en absoluto silencio; no tiene nada que decir porque ya lo ha dicho todo. Sólo calla, cree, ama y espera. Aunque parezca extraño, su silencio es un silencio de fe; ha puesto su vida en las manos del Padre y tiene la plena certeza de que el Padre es capaz de sacar bienes de los males. Sólo le pide desde el fondo de su corazón que le dé fuerzas para resistir lo que venga, con amor y con esperanza.

ORACIÓN:

Acompañándote en un momento tan importante de tu vida, queremos pedirte, Señor, que nos ayudes a no juzgar ni condenar a nadie, con nuestras palabras o con nuestras actitudes. Sabemos, porque Tú mismo nos lo enseñaste, que nuestra única tarea es amar y servir a todas las personas que se cruzan en nuestro camino, y de manera especial a los que por una u otra razón son los más débiles de nuestra sociedad; sólo así podremos hacer realidad en el mundo, tu Reino de amor y de justicia, de verdad, de libertad y de paz.

SEGUNDA ESTACIÓN

 JESÚS CARGA CON LA CRUZ

Jesús fue condenado a muerte injustamente. Se le negaron todos sus derechos y se le sometió a la pena más humillante de su tiempo: la muerte de cruz. Sus enemigos y sus jueces no le ahorraron ni siquiera el suplicio de cargar la cruz en la que debía ser clavado, hasta el lugar señalado para ejecutarlo.

Como todo lo que hizo mientras estaba en el mundo, Jesús recibió la cruz con amor, se abrazó a ella y se dispuso a emprender el camino del Calvario, recordando las palabras que había dicho a sus discípulos y a todos los que lo escuchaban: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, la salvará” (Lucas 9, 23-24).

El peso de la cruz de Jesús es el peso de nuestros pecados, y muy particularmente el peso de nuestras injusticias. Jesús padece y muere en cada hombre y en cada mujer que sufren desprecio, abandono, marginación, rechazo, pobreza material y espiritual. Jesús padece y muere en cada niño que llora, en cada joven que pierde la esperanza, en cada hombre que se siente fracasado, en cada mujer ofendida en su dignidad, en cada anciano que llama a la muerte porque está cansado de su situación y de su dolor. Jesús padece y muere en cada persona que padece hambre y sed, en cada enfermo que no tiene cómo calmar su dolor, en cada padre de familia que no encuentra trabajo, en cada obrero mal pagado, en cada niño explotado sexualmente, en cada mujer que vencida por la necesidad acude a la prostitución como medio de vida.

 ORACIÓN:

Ayúdanos, Señor, a mirar en cada hombre y en cada mujer que se crucen en nuestro camino, un hijo de Dios, y un hermano nuestro. Ayúdanos a darle a cada uno el lugar que se merece por su dignidad personal. Que nuestro corazón no se endurezca ante el sufrimiento de quienes nos rodean. Que sepamos compartir lo que somos y lo que tenemos, en bien de todos, especialmente de los más solos y desamparados.

TERCERA ESTACIÓN

        JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ  BAJO EL PESO DE LA CRUZ

El peso de la cruz es excesivo para alguien que ha sido sometido a los escarnios y fatigas que ha tenido que soportar Jesús, desde la noche anterior. Además, el camino es estrecho y lleno de obstáculos. Jesús avanza con pasos vacilantes y no puede evitar su caída; una caída que abre nuevas heridas en su cuerpo maltratado.

En la cruz Jesús carga nuestros pecados; los pecados de toda la humanidad; los pecados de antes, de ahora, y los que vendrán después. Son nuestros pecados la causa de esta primera caída y lo serán también de todo el dolor de Jesús en estas horas amargas de su pasión y su muerte; el pecado que destruye, el pecado que mata, el pecado que divide, el pecado que es la negación de la bondad absoluta e infinita de Dios que nos creó buenos y para el bien, porque nos ama.

Con su amor, Jesús vence nuestro pecado, le da muerte a nuestros pecados. Con su amor, Jesús nos invita a morir al pecado, de una vez y para siempre, y a vivir como verdaderos hijos de Dios.  Con su amor, Jesús nos invita a hacer realidad el perdón en el Sacramento de la reconciliación, donde nos dice: “¡Ánimo, hijo! Tus pecados te son perdonados” (Mateo 9, 2)

ORACIÓN:

Señor Jesús, te pedimos con corazón sincero, que nos ayudes a recuperar el sentido de pecado que hemos perdido, y muy especialmente, el sentido de nuestros propios pecados. Queremos tomar conciencia de todos nuestros actos, queremos reconocer con humildad el mal que hacemos, para corregir nuestra conducta, para empezar a vivir de otra manera, para transformar el mundo comenzando desde nosotros mismos. Queremos caminar por el camino que tú nos señalas; el camino del bien, de la verdad, del amor, de la justicia, de la paz.

 CUARTA ESTACIÓN

 JESÚS SE ENCUENTRA CON SU SANTÍSIMA MADRE

María vivía pendiente de Jesús. Era su me y quería estar enterada de todo lo que hacía y de lo que le sucedía. Así son las buenas mamás. Por eso no es de extrañar que aquella mañana María estuviera en el camino del Calvario, y que intentara acercarse a Jesús para mostrarle una vez más su amor incondicional.

El dolor de Jesús era, sin duda, el dolor de María; su humillación, la humillación de María; su entrega, la entrega de María. No entendía lo que pasaba ni por qué pasaba; creía, tenía la absoluta certeza, de que Jesús era inocente de aquello de lo que se le acusaba y de cualquier otra cosa, y que no merecía el castigo al que lo habían condenado; estaba allí, precisamente, para decirle que tenía fe en él, que conocía su corazón bondadoso, totalmente incapaz de ofender a nadie, y mucho menos a Dios, con una blasfemia, o a las autoridades civiles con un intento de sabotaje.

Una y otra vez, María repetía en su corazón adolorido, la respuesta que había dado a Dios el día de la encarnación: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra” (Lucas 1, 38). No entendía pero quería creer con todo su corazón.

María representa, sin duda, a todas las madres de nuestro tiempo que tienen que ver el sufrimiento de sus hijos, víctimas del hambre, de la violencia, de la injusticia en sus mil formas. María representa a todas las madres del mundo que padecen en carne propia el sufrimiento de sus hijos que no son atendidos en su enfermedad por falta de recursos, de aquellos que no tienen futuro porque no pueden educarse adecuadamente, de aquellos que son víctimas de cualquier clase de abuso o explotación.

ORACIÓN:

Virgen María, madre de Jesús y madre nuestra; modelo de mujer, de creyente y de madre. Necesitamos que todas las madres y esposas del mundo se parezcan a ti. Que sean amorosas y tiernas como tú; que sean fieles y veraces como tú; que sean generosas y sencillas como tú; que busquen siempre y en todo el bien de sus esposos y de sus hijos como lo hiciste tú. Aleja de ellas todo egoísmo, toda dureza, toda superficialidad. Aleja de ellas el rencor, el orgullo, la vanidad. Dales un corazón sensible, capaz de amar con amor verdadero y profundo, como el amor misericordioso de Dios, a todos aquellos que se les han confiado 

           QUINTA ESTACIÓN                        

EL CIRENEO AYUDA A JESÚS A LLEVAR LA CRUZ

Aunque el camino desde el palacio de Pilatos hasta el Calvario, lugar de la crucifixión, no es muy largo, los soldados romanos, viendo la debilidad de Jesús, buscan quien pueda ayudarle a llevar la cruz, y eligen a Simón de Cirene, un hombre que trabaja en el campo y es fuerte, para que lo haga.

No estaba previsto. Es apenas una casualidad que Simón pase por allí y sea el escogido para ayudar a Jesús en este momento crucial de su vida. Una casualidad que lo hizo famoso para la historia sin habérselo propuesto y sin haberlo buscado. Es muy probable que Simón no conociera a Jesús, que ni siquiera hubiera oído hablar de él, pero desde este momento quedó irremediablemente unido al Señor por un vínculo irrompible, el del servicio.

Simón de Cirene nos enseña la importancia de estar atentos a las necesidades de las personas que se cruzan en nuestro camino, para ayudarles en lo que esté a nuestro alcance. En ellos ayudamos a Jesús que ha querido necesitar de nosotros, de nuestras manos y de nuestro corazón, de todo nuestro ser, para amar y bendecir a cada uno de los seres humanos.

Jesús vive en medio de nosotros en todas las personas que sufren material o espiritualmente, en todas las personas débiles y necesitadas de bienes materiales y espirituales, en todas las personas enfermas, en los pobres, en los tristes, en los que están solos y se sienten abandonados, y cualquier cosa que hagamos por ellos lo hacemos a él; recordemos sus palabras: “Cuanto hicieron a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mi me lo hicieron” (Mateo 25, 40)

ORACIÓN:

En este tiempo en el que el bienestar y la comodidad son tan importantes, y nos han hecho olvidar el valor del sacrificio por los demás, queremos pedirte Jesús, que nos ayudes a convertirnos de corazón a tu Mandamiento del amor y del servicio. Queremos cambiar nuestro corazón endurecido por un corazón compasivo y misericordioso como el corazón mismo de Dios; queremos dejar a un lado y para siempre el egoísmo que nos enceguece y dar paso a la generosidad que es luz para todos. Queremos ser hombres y mujeres nuevos al estilo tuyo. 

SEXTA ESTACIÓN

LA VERÓNICA LIMPIA EL ROSTRO DE JESÚS

 Una mujer, valiente y decidida, a quien la tradición ha llamado Verónica, que significa “verdadera imagen”, conmovida por el sufrimiento de Jesús, sale de entre la multitud y se acerca a él para limpiar su rostro ensangrentado, y tal vez también, para decirle algunas palabras de aliento. Podría parecer que su acción y sus palabras tienen poca importancia frente a la magnitud del dolor de Jesús, pero la realidad es que su gesto de compasión tocó su corazón y fue bálsamo sanador para sus heridas.

Nuestro mundo actual está lleno de personas que, como Jesús, tienen un rostro desfigurado, imposible de reconocer. Son hombres y mujeres a quienes el sufrimiento en todas sus formas ha marcado para siempre. Hombres y mujeres que necesitan que alguien les diga que, a pesar de las circunstancias de su vida y precisamente por ellas, son valiosos para Dios. Hombres y mujeres que buscan, tal vez sin esperanza, una mano amiga que les sirva de apoyo para seguir adelante. Hombres y mujeres que quieren y pueden recuperarse y hacerse personas nuevas, si nosotros nos decidimos a creer en ellos y a ayudarles.

ORACIÓN:

Señor Jesús, te pedimos con humildad que nos ayudes a dar el paso que tenemos que dar, para que nuestro amor por ti no se quede en palabras, sino que se haga actos de amor y de servicio a nuestros hermanos más necesitados. Ayúdanos Jesús, a dejar de lado todos nuestros prejuicios, a derrotar todos nuestros miedos, y a vencer todos nuestros escrúpulos, para que en tu nombre nos hagamos servidores de quienes necesitan nuestra compasión activa y efectiva. Haznos sensibles frente a todos los sufrimientos humanos, sean cuales sean y provengan de donde provengan.  Que con nuestro amor y nuestras acciones, el mundo se convierta poco a poco, en un lugar mejor para todos.

 SÉPTIMA ESTACIÓN

 JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ

Una nueva caída y con ella nuevos dolores y sufrimientos. El cuerpo de Jesús está herido gravemente; herido con heridas abiertas y sangrantes, por las que se le escapa poco a poco la vida. Su cuerpo físico, y su cuerpo espiritual que somos nosotros, los que creemos en él, los que decimos seguirle.

En Jesús y con él, está herido el ser humano como tal, está herida la familia, célula de la sociedad, y está herida la sociedad entera. ¿Culpables? Nosotros mismos. Todos, sin excepción. ¿Perjudicados? También todos. Herido el ser humano, herida la familia, herida la sociedad entera. Heridos por el odio y el rencor, por la injusticia y la violencia, por el desamor y la desesperanza; heridos por el miedo y por la cobardía, por la falta de fe, por el egoísmo y la vanagloria; heridos por la mentira, por la irresponsabilidad, por el consumismo desbordado, por la pereza, por la impureza…

Necesitamos desesperadamente alguien que nos ayude, que nos socorra; alguien que haga desaparecer nuestros dolores y cure todas nuestras enfermedades. Porque con ellos, esta vida que llevamos se hace cada día más difícil, más pesada… Y nos sentimos incapaces de seguir viviendo.

ORACIÓN:

Señor Jesús, postrados delante de ti, te suplicamos, por los dolores de tu pasión, nos ayudes a recuperar el camino que hemos perdido, el camino que eres Tú mismo. Así lo dijiste: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Juan 14, 6), y así lo creemos. Tú eres el Camino que nos lleva al Padre; Tú eres el Camino que nos enseña la Verdad completa; Tú eres el Camino que nos conduce por la vida y hacia la Vida. Tú, Jesús, eres nuestra luz y nuestra esperanza. Tú y sólo Tú, das sentido a todo lo que somos, a todo lo que hacemos, a lo que anhelamos y buscamos.  Sin Ti todo está vacío y es oscuridad.

OCTAVA ESTACIÓN

 JESÚS CONSUELA A LAS HIJAS DE JERUSALÉN

 Por todo el mundo se escucha el llanto de las mujeres, el llanto de las esposas, el llanto de las madres, el llanto de las hermanas, el llanto de las amigas y compañeras, el llanto de las abuelas, el llanto de las jóvenes y las niñas… Es un llanto de dolor, de impotencia; un llanto que muestra, que hace palpable, muy claramente, todos sus sufrimientos; su situación de discriminación, de pobreza, de abandono, de soledad; la violencia a la que se ven sometidas por diferentes causas, el miedo que las acosa, la debilidad que las hace esconderse, el desprecio que las juzga y las somete, el maltrato que las hace perder su autoestima… en fin.

Son cientos, son miles, son millones, en todos los países del mundo, en todas las épocas de la historia, pero de una manera especial ahora, en nuestro tiempo; en todos los niveles de la sociedad, pero muy particularmente en los más bajos, donde son más vulnerables, donde tienen que sacrificarse más.

Cientos, miles, millones de mujeres que lloran por diferentes causas, pero de un modo muy especial por sus esposos y por sus hijos… Porque son abandonadas, porque no tienen el modo de dar a sus niños lo que necesitan para su adecuado crecimiento y desarrollo; porque no tienen educación para cumplir adecuadamente su misión de maestras y guías; porque no son correspondidas en su amor; porque son maltratadas de palabra y de obra. Cientos, miles, millones de mujeres incomprendidas, irrespetadas, marginadas, reducidas, utilizadas como mercancía, abusadas sexualmente, esclavizadas de muy diversas maneras…

A todas ellas, a su dolor y a su llanto, se une Jesús, con su propio sufrimiento, con sus dolores físicos y espirituales. Con ellas sufre y con ellas llora; con ellas ama y con ellas espera el día en que todo sea mejor, más digno, más justo, para todas, sin excepción.

ORACIÓN:

Buen Jesús, ayúdanos a tomar conciencia del dolor de todas las mujeres del mundo; enséñanos a compartir su sufrimiento, a enjugar sus lágrimas, a acompañarlas en su soledad, a satisfacer sus necesidades más importantes, y a amarlas como deben ser amadas, en recuerdo y honor de María, tu Madre y nuestra madre. Y a ellas, Jesús, ayúdales a entender su valor, a sobreponerse a su situación de desventaja en la sociedad, y a empeñarse con todas sus fuerzas en superar el papel de víctimas y salir adelante, plenamente convencidas de sus capacidades y de su igualdad esencial con el hombre. 

NOVENA ESTACIÓN

 JESÚS CAE POR TERCERA VEZ

 La debilidad y el dolor físico y espiritual de Jesús son extremos, y lo hacen caer de nuevo bajo el peso de la cruz, que reúne en sí misma todas las miserias humanas, y de una manera muy especial, todas aquellas que son fruto de nuestras injusticias: las injusticias personales de cada uno de nosotros, las injusticias sociales de cada país o región, y la injusticia general del mundo.

El mundo en el que vivimos está dolorosamente dividido entre la opulencia y la miseria extremas. Algunos – relativamente muy pocos – que lo tienen todo y aún les sobra, y muchos más – la gran mayoría – que carecen hasta de lo más necesario para llevar una vida digna. Las riquezas tienden a concentrarse cada vez en menos manos, y la pobreza se expande y llega cada día a más hogares.

Jesús, que en su encarnación se hizo solidario con nosotros, y muy particularmente con los más débiles, continúa hoy, 2.000 años después de ocurridos los dolorosos acontecimientos de su pasión y de su muerte, padeciendo los horribles dolores, en cada hombre y en cada mujer que no tienen lo necesario para vivir y desarrollarse con dignidad. Mientras todo esto sucede, muchos de nosotros que nos declaramos cristianos, seguimos siendo ciegos y sordos al clamor de los que sufren; encerrados en nuestro egoísmo no reconocemos ni enfrentamos las injusticias que continuamente cometemos.

ORACIÓN:

Señor Jesús, contemplando tu dolor físico y espiritual, queremos pedirte de todo corazón, que nos ayudes a tomar conciencia de nuestras fallas en este aspecto de la justicia social. Danos un corazón de carne como el tuyo, para compadecernos de quienes padecen necesidades de todo tipo. Ayúdanos a dejar de lado nuestro egoísmo y nuestra comodidad. Fortalece nuestro espíritu para que sepamos vivir la solidaridad, de modo que no esté lejos el día en que podamos alabarte y bendecirte todos juntos, como verdaderos hermanos.

DÉCIMA ESTACIÓN

 JESÚS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS

 Siendo el castigo más humillante y doloroso, la crucifixión se realizaba en total desnudez, lo cual añadía un nuevo sufrimiento a quienes eran castigados con ella. Sin duda ninguna, esta circunstancia significó para Jesús un nuevo dolor; su dignidad y su pudor fueron ofendidos sin ninguna consideración.

Vivimos hoy en una sociedad en la que el cuerpo humano se vende y se compra como cualquier mercancía; el cuerpo del hombre y sobre todo, el cuerpo de la mujer. Olvidando la dignidad esencial del cuerpo humano, templo del Espíritu de Dios, se atropella de mil maneras distintas, todas graves y dañinas; se le somete a dietas estrictas y a delicadas cirugías, para “hacerlo bello”, sin tener en cuenta ninguna consideración, y poniendo en peligro incluso su salud; se le desnuda ante cámaras y espectadores y se trata como mero objeto de placer sexual; se le emplea como señuelo seguro en el “arte” de vender toda clase de cosas, necesarias y superfluas; se le somete a malos tratos, a oprobios de toda clase, en fin.

Tenemos que recuperar la dignidad del ser humano integral, es una necesidad urgente, apremiante; y ello implica sin duda, la recuperación de la dignidad del cuerpo, que nos permite el contacto con el mundo maravilloso en el que vivimos. La dignidad del cuerpo es elemento esencial de la dignidad del ser humano total, y en ella no puede haber excepciones ni exclusiones de ninguna clase.

ORACIÓN:

Amadísimo Jesús. Hoy más que nunca queremos pedirte que nos ayudes a valorar de un modo especial la pureza y la dignidad de nuestro cuerpo. Es una condición básica, una condición fundamental y absolutamente indispensable, para amar de verdad. Todos tenemos que ser conscientes de ello, pero de una manera especial los jóvenes y los niños que serán los esposos y padres de mañana. Purifica con tu presencia nuestros corazones, para que renazca en ellos el amor verdadero, el que procede del Padre, el que tú mismo nos enseñaste; porque sólo es posible amar de verdad si tenemos un corazón purificado, limpio de todo egoísmo y de toda inclinación malsana.

UNDÉCIMA ESTACIÓN

 JESÚS ES CLAVADO EN LA CRUZ

 Repasando los Evangelios, nos encontramos a cada paso, con las manos de Jesús que acarician, que sanan, que bendicen a todas las personas que se encuentra en su camino, y con sus pies que lo llevan por todos las ciudades y pueblos de su país, en busca de los pobres, los enfermos, las mujeres, los niños y los pecadores que necesitan recibir sus expresiones de cariño y escuchar sus palabras de amor y de consuelo. Ahora, esas manos y esos pies son clavados en la cruz sin ninguna consideración.

En las manos y en los pies de Jesús, heridos y clavados, está la fuerza de su amor generoso por cada uno de los hombres y mujeres del mundo, de todos los tiempos y de todos los lugares. En las manos y en los pies de Jesús, heridos y clavados, está la fuerza de la misericordia de Dios que busca salvar al mundo de sus pecados. En las manos y en los pies de Jesús, heridos y clavados, está toda su vida entregada totalmente, solo por amor; amor a Dios, Padre de todos, y amor a nosotros, sus hermanos.

Las manos y los pies de Jesús siguen siendo heridas y clavadas, en las manos y los pies de todos los hombres y mujeres del mundo, que, a lo largo de los tiempos han entregado su vida de mil maneras distintas, en la proclamación del Evangelio por todos los rincones de la tierra. Y muy especialmente en quienes actualmente sufren persecución, a causa de su nombre.

ORACIÓN:

Señor Jesús, te agradecemos de todo corazón, tu amor que nos salva y nos da la vida. Definitivamente tú nunca nos defraudas y podemos contar contigo plenamente. Ayúdanos, Señor, a corresponder fielmente a ese amor que nos das, amándote también con todo el corazón, y llevando tu verdad a nuestros hermanos que la necesitan. 

DUODÉCIMA ESTACIÓN

  JESÚS MUERE EN LA CRUZ

 Los enemigos de Jesús querían deshacerse de él, y por eso lo condenaron a muerte, e hicieron todo lo necesario para que esa condena pudiera ser efectiva. Sin embargo, y muy a su pesar encontraron, que aún habiendo muerto, Jesús seguía vivo en los corazones de quienes lo habían amado y escuchado.

Nuestro mundo ha intentado muchas veces, a lo largo de la historia, dar muerte a Dios, pero no lo ha logrado. Dios sigue vivo, más vivo que nunca, en muchos corazones y en muchas mentes, porque Él mismo es la Vida.

La muerte de Jesús es nuestra Vida. De la cruz de Jesús nace la Vida, la verdadera, la única, la Vida eterna que todos anhelamos y buscamos. Tenemos que morir, eso lo sabemos; la muerte llegará el día que menos lo esperemos, pero por la muerte de Jesús, esa muerte nuestra no será más que un paso a una nueva Vida, la Vida en plenitud.

ORACIÓN:

Jesús crucificado, Dios de la Vida, enséñanos a vivir como tú para morir también como tú. Vivir en el amor, amando, y morir en el amor y con amor. El amor es la luz de la vida y de la muerte. El amor es la vida de la vida. El amor da sentido a todo. Seguimos escuchando tu grito de amor y nos sentimos maravillados con tu don, el don de tu ser y de tu vida. No hay para nosotros, nada que lo pueda igualar. Ayúdanos para que nuestro amor y nuestra vida, sean don para nuestros hermanos.

DÉCIMOTERCERA ESTACIÓN

 JESÚS ES BAJADO DE LA CRUZ

 Y COLOCADO EN LOS BRAZOS DE SU MADRE

 El cuerpo herido y desangrado de Jesús es bajado de la cruz, y colocado en los brazos amorosos de María, que lo mira y lo abraza con sus hermosos ojos llenos de lágrimas, y su corazón tierno y delicado, roto de dolor. Esta imagen de la madre y el hijo, representada por cientos de artistas a lo largo de estos 2.000 años de historia cristiana, es profundamente conmovedora para todos nosotros, y genera en nuestro interior, una honda compasión.  Hemos dado muerte a Jesús y el dolor de cada una de las múltiples heridas inflingidas por sus verdugos, a lo largo de toda la pasión, lacera el corazón de la Madre.

Profundamente adolorida, pero dueña de sí por su fe y su amor a Dios, María abraza el cuerpo inerte de su Hijo, y en él nos abraza a cada uno de nosotros, a cada uno de quienes ha recibido como herencia por hijos; nos abraza y nos ama con su amor dulce y generoso.

María no entiende lo que sucedió ni por qué sucedió, pero cree, ama, y espera. En medio de su dolor infinito, hay una luz de esperanza. Dios sabe sacar bienes hasta de los mayores males. Sin lugar a dudas, de este gran sufrimiento tiene que salir algo muy bueno para todos, incluso para Jesús. Sólo hay que saber esperar con paciencia y plena confianza.

ORACIÓN:

Santa María del Calvario, queremos acompañarte en tu dolor que es el nuestro. Creemos en Dios, confiamos en Él, pero necesitamos que tú nos ayudes a creer cada día con una fe más fuerte y una esperanza más segura. Alcánzanos de Dios esta gracia que necesitamos para vivir nuestro seguimiento de Jesús, particularmente en este tiempo de nuestra historia, tan difícil en este sentido. Nos encomendamos a tu protección y a tu socorro.

DÉCIMACUARTA ESTACIÓN

 JESÚS ES SEPULTADO

 El dolor de este día es un dolor grande y profundo. Jesús ya no está con nosotros en la tierra de los vivos. Ahora estamos solos, tristes, desamparados… Sólo nos quedan los recuerdos de los momentos vividos con él, de sus palabras de amor, de sus gestos de compasión, de su bondad infinita…

¡Pero no!… Si creemos de verdad, también nos queda la fe… Y la fe, cuando es verdadera, es capaz de mover montañas… La fe, cuando es verdadera, es capaz de superar los más grandes obstáculos, de vencer en las pruebas más difíciles… La fe, cuando es verdadera, nos garantiza que, sin lugar a dudas, Dios es quien tiene siempre la última palabra, y Dios puede hacer cosas maravillosas, insospechadas… Con Dios a nuestro lado lo podemos todo, sin Él no podemos nada, no somos nada.

ORACIÓN:

Padre de bondad, hoy te pedimos con humildad, desde lo más profundo de nuestro corazón, que nos regales el don de la fe, que sólo Tú puedes dar. Queremos creer con el corazón y con la vida. Queremos creer con una fe firme y segura. Queremos creer con una fe decidida y valiente. Queremos creer por encima de todas nuestras debilidades y limitaciones. Creer en Ti, en tu bondad y en tu amor. Creer para darle sentido a nuestra vida, a cada una de las cosas que hacemos y a cada palabra que decimos. Bendícenos con gracia. Ilumínanos con tu amor sin límites, como iluminaste a Jesús, tu Hijo muy amado, a quien reconocemos como nuestro Señor y nuestro Salvador, y de quien queremos ser testigos ante el mundo. Amén.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: