SEMILLA DE MOSTAZA

PARA REFLEXIONAR SOBRE LA FE Y ORAR

PAZ Y JUSTICIA

POR LA JUSTICIA SOCIAL

Todo lo que hay en el mundo: los bienes de la creación, y los frutos del desarrollo humano, de la ciencia y de la técnica, tienen como única finalidad, ayudarnos a alcanzar el objetivo de nuestra vida, que no es otro que amar y servir a Dios, para ser felices y alcanzar la plenitud de nuestro ser humano. Lo que de alguna manera nos impide realizar este proyecto, esta misión nuestra, es ilegítimo o está mal empleado.

Esto es lo que San Ignacio de Loyola denominaba en sus célebres Ejercicios Espirituales, el “tanto… cuanto”; debemos “poseer” los bienes materiales y emplearlos en nuestro servicio, “tanto cuanto” esos bienes nos ayuden a alcanzar el fin para el cual Dios nos creó: su alabanza, su servicio, su gloria, y nuestra propia felicidad… ¡la de todos!…

Pero además debemos tener en cuenta que esos mismos bienes materiales, no son para unos pocos, para algunos, los más fuertes, los más capaces, los más astutos. Todos los bienes materiales, producto de la creación o del trabajo humano, son para todos. Así lo pensó y lo dispuso Dios desde el principio de los tiempos.

Todos los hombres y todas las mujeres del mundo, de todos los tiempos y de todos los lugares, tenemos derecho a disfrutar del mundo en el que vivimos, de los bienes de la naturaleza y de los frutos del desarrollo humano, acumulado a lo largo de los siglos. Nadie queda excluido de este derecho. Nadie puede ser privado por nadie de lo que necesita para vivir y para desarrollarse adecuadamente como persona.

Sin embargo, la realidad que vivimos es otra muy distinta. Basta salir a la ventana de la casa para darnos cuenta de ello.

Esta realidad golpea directamente el corazón de Dios que nos ama a todos como sus hijos muy queridos, y que desea el bien para todos, no para unos cuantos nada más.

Por eso los cristianos, los seguidores de Jesús, estamos especialmente llamados a trabajar por la justicia social, en el lugar de la sociedad en el que nos ha correspondido vivir y desarrollarnos. 

No es una cuestión política….  No es cosa de los militantes de la izquierda….  ¡Es cuestión de fe, de seguimiento de Jesús!… El Evangelio es bien claro en esto: Jesús amaba con un amor especial a los más pobres y débiles, a los marginados de la sociedad, a los excluidos; los amaba y proclamaba su amor con acciones concretas de servicio en su favor.  Entonces nosotros estamos llamados inevitablemente a hacer lo mismo.

Además, si Dios se hizo pequeño, humilde y pobre, en la persona de Jesús, ¿por qué nosotros luchamos por ser importantes, por tener un nombre, y por poseer riquezas en abundancia?…  Es un evidente contrasentido.

Si Jesús nació pobre, vivió pobre, amó a los pobres, se declaró su amigo protector, y él murió pobre en todos los sentidos, los cristianos, seguidores de Jesús, tenemos que amar la pobreza, vivir el desapego de los bienes materiales y servir a los pobres con respeto y dedicación. De lo contrario seremos una mala caricatura de Jesús, una imagen distorsionada, un retrato falso… y estamos llamados a ser su fiel reflejo, su transparencia.

Trabajar por la justicia social es parte importante del ejercicio de nuestra fe cristiana, condición indispensable para hacer realidad el Evangelio de Jesús, su Buena Noticia, en el mundo; porque su salvación, la salvación que Jesús vino a traernos, es salvación del hombre entero, cuerpo y alma, de su realidad completa, individual y social, del presente y del futuro. Lo dice claramente él mismo en el Evangelio de San Mateo, cuando nos habla del juicio al final de nuestra vida terrena:

Vengan, benditos de mi Padre, reciban la herencia del Reino, preparado para ustedes desde la creación del mundo, porque tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber; era forastero y me acogieron; estaba desnudo y me vistieron; enfermo, y me visitaron; en la cárcel y vinieron a verme… Cuanto hicieron a uno de estos hermanos míos más pequeños, conmigo lo hicieron…” (cfr. Mateo 25, 31-46)

Y en el Evangelio de San Lucas:

Vendan sus bienes y den limosna. Háganse bolsas que no se deterioran, un tesoro inagotable en los cielos, donde no llega el ladrón, ni destruye la polilla; porque donde esté su tesoro, allí estará también su corazón” (Lucas 12, 33-34)

Para buenos entendedores, pocas palabras bastan.  

PALABRAS PARA LA PAZ

La palabra es, junto con la risa, un elemento propio y característico de los seres humanos. Sólo los seres humanos podemos habar y reír. Una verdad de Pero Grullo en la que es bueno pensar.

La palabra hablada y/o la palabra escrita, nos permite expresar de manera clara y directa, nuestros pensamientos y nuestras emociones, y hacer partícipes a los demás de lo que somos, de lo que creemos y de lo que sentimos.

Por su misma naturaleza, la palabra tiene un poder que va mucho más allá de sí misma; mucho más allá de lo que ella es y de lo que dice en un primer momento.

Una sola palabra dicha en el momento adecuado y de la forma correcta, puede tener para quien la escucha y también para quien la dice, mucho más valor que el más costoso de los objetos.

Una sola palabra dicha con rabia o con desprecio, puede causar más dolor que la más cruel enfermedad o el más grande sufrimiento.

Una sola palabra dicha con delicadeza y con amor, puede sanar la herida más profunda.

Una sola palabra dicha con resentimiento puede crear un odio o comenzar una guerra.

Una sola palabra dicha con cordura y amabilidad, puede hacer nacer y crecer una amistad, y también conseguir la paz.

Por eso vale la pena detenerse a pensar un momento en nuestras propias palabras: qué decimos y cómo lo decimos; no sea que estemos hablando de paz con el lenguaje de la guerra; hablando del amor con términos propios de quien en realidad está odiando; de perdón con palabras que hacen más bien alusión al resentimiento; de justicia en términos de venganza.

Las palabras pueden ser armas más efectivas y directas que las balas, las granadas, y las minas quiebra-patas. Y como ellas no tienen reversa, lo dicho, dicho está. Por eso hay que pensar antes de hablar, y pensar doblemente antes de escribir.

En la situación que vivimos en nuestro país y en el mundo, no podemos de ninguna manera y bajo ninguna circunstancia, hablar sin pensar, sin dar a las palabras que decimos su justo valor y su correcto significado. Hacerlo de otra manera es absolutamente irresponsable, por decir lo menos, y puede tener consecuencias nefastas para todos.

La paz que todos deseamos comienza en las palabras que pronunciamos en nuestra vida cotidiana, y lo mismo la guerra que vivimos y de la cual queremos salir definitivamente.

Si nuestro lenguaje es pacífico, respetuoso de los demás, sincero, amable, estamos creando el ambiente propicio para que la paz sea una realidad. Si por el contrario, nuestro lenguaje es agresivo, grosero, irrespetuoso de la dignidad del otro, ofensivo, estamos preparando de manera directa el ambiente propicio para la guerra total, con todo lo que ello significa.

La guerra que hoy vivimos en nuestro país, no se libra sólo en las montañas y en las selva, como muchos creen; también se libra en los ambientes políticos, en los medios de comunicación social, y aún en el círculo de nuestros amigos, los lugares de trabajo, las calles de nuestras ciudades, y el seno de nuestros hogares, cuando nuestras palabras son destructivas, ofensivas de la dignidad de las personas, y enardecen los ánimos. 

Construyamos la paz de Colombia desde nuestra cotidianidad, con nuestras palabras siempre limpias, amables, verdaderas, y respetuosas.

De la abundancia del corazón habla la boca” (Lucas 6, 45b)

GASOLINA POR ALIMENTOS

No pensamos mucho en ello, porque creemos que es un tema que no nos toca, pero si somos cristianos tenemos que saber que nada que se refiera a los seres humanos, nos puede ser ajeno. En el mundo hay 854 millones de personas que padecen hambre y desnutrición (según datos de 2007), y si las cosas siguen como van, este número irá creciendo incontrolablemente hasta quien sabe que cifra escandalosa e intolerable.

Lo dijo el señor Jean Ziegler, relator especial de la ONU en la pasada Cumbre mundial de alimentos celebrada en Roma, y a la cual asistieron cerca de 2.000 personas, incluyendo numerosos jefes de estado y representantes de los países desarrollados.

Pero hay más. Cada día mueren de hambre en el mundo, 24.000 personas. Cada 5 segundos muere un niño menor de 10 años. Cada 4 minutos muere una persona por falta de vitamina A. Y si incluimos las enfermedades derivadas de la desnutrición, son 100.000 personas masacradas por el hambre todos los días.

Últimamente hemos oído hablar del aumento de precios de los alimentos en todo el mundo, pero gracias a Dios, nosotros todavía tenemos con qué comprarlos, y la situación no nos intranquiliza. Generalmente nos dejamos llevar por lo cotidiano, nos concentramos en nuestras propias actividades y problemas, y no reparamos en las necesidades de los demás.

¿Qué está sucediendo?

¿Por qué los alimentos suben de precio tan drásticamente y a escala mundial?

¿Qué vendrá como consecuencia de todo esto?

Hay dos factores fundamentales que inciden en el problema, y que en el fondo son el mismo. Conocemos los biocombustibles: combustibles hechos a partir de alimentos como el maíz, el trigo – los cereales en general -, la caña de azúcar, etc. Se promocionan como menos contaminantes del medio ambiente, pero en realidad son un crimen contra los más pobres. Los biocombustibles disparan el precio de los granos por la demanda que se hace de ellos, y las Bolsas de valores del mundo han visto en esta situación, una nueva forma de conseguir dinero, especulando con él. También Colombia ha entrado en este macabro mercado.

En Estados Unidos dijo el señor Jean Ziegler – se quemaron en 2007, 131.000 millones de toneladas de maíz para producir etanol. Para llenar el tanque de un carro pequeño con 50 litros de biocombustible, se necesitan 358 kilos de maíz, y con estos mismos 358 kilos de maíz, puede comer un niño de Zimbawe, durante un año.

Los precios altos de los alimentos impiden que los pobres puedan comprarlos, y esto hace que la amenaza del hambre inminente esté ahora sobre 100 millones de personas más.

Si hay hambre, hay miseria en todo sentido. Podemos darnos cuenta de ello con solo mirar a nuestro alrededor sin prevenciones ni prejuicios.

854 millones de personas en el mundo sufren hambre en el mundo.

400 millones de ellos son niños.

60 millones en América Latina y el Caribe.

20 millones de personas en Colombia viven en la línea de pobreza.

6 millones de colombianos padecen hambre y desnutrición.

Aunque a primera vista puede parecernos que no hay nada que nosotros podamos hacer al respecto, tomar conciencia de este grave problema es ya un paso importante en la búsqueda de una solución adecuada y justa.

Es importante el progreso. Es útil y necesario buscar los medios para reemplazar los hidrocarburos como fuente de energía, pero la solución a este problema no puede conseguirse a costa de la vida de millones de personas.

El verdadero progreso es aquel que no hace daño a nadie. Todo lo que hacemos en el mundo tiene que ser en beneficio de todos los seres humanos y no de algunos solamente. Alimentar adecuadamente millones de personas tiene que estar siempre por encima de “alimentar las máquinas y los motores”.

Apoyemos todas las iniciativas que defiendan el derecho de todos a la alimentación. Es lo verdaderamente cristiano.

Si se siembra para producir biocombustibles, ¿por qué no se hace el mismo esfuerzo para alimentar a la población hambrienta?

Si alguno que posee bienes de la tierra, ve a su hermano padecer necesidad y le cierra su corazón, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios? (1 Juan 3, 17)

CIFRAS QUE HACEN PENSAR…

Cada 5 segundos muere un niño de hambre, en cualquier lugar del mundo.

Aunque una de las razones por las cuales los países ricos intentan imponer en el mundo el control de la natalidad, es “la falta de alimentos”, los expertos en el tema afirman que actualmente se producen alimentos para 8.000 millones de personas, y la población mundial es de 6.000 millones. ¿Dónde está lo que sobra? ¿Por qué sigue habiendo personas, niños, jóvenes, adultos y ancianos, que mueren de hambre?

Tener una vivienda digna es uno de los derechos fundamentales; sin embargo, según las estadísticas de la ONU, en el mundo hay 100 millones de personas que “viven” en la calle, debajo de los puentes, y otros 600 millones que “viven” en tugurios hechos de latas, tablas y cartón, sin luz eléctrica, sin agua ni servicios sanitarios, sin higiene, en espacios estrechos y hacinados.

También la educación es un derecho primario y un elemento fundamental del desarrollo de los pueblos. A pesar de esto en el mundo hay 600 millones de mujeres analfabetas y 320 millones de hombres. En sólo Asia 3 de cada 5 mujeres son analfabetas, y en América Latina 5 millones de niños no pueden acceder a la escuela.

El agua potable es una necesidad básica. Sin embargo, en el mundo hay 1.000 millones de personas que no la tienen.

La paz es un derecho de todos, pero muy particularmente de los niños, que apenas empiezan a vivir y no son responsables de lo que sucede. Se calcula que en solo América Latina hay 300.000 niños en la guerra, y cada día son desplazados de su lugar de origen, por causa de la misma, 5.000 niños en todo el mundo.

La niñez es una etapa de la vida fundamental para la formación y la educación de la persona, sin embargo, en el mundo hay 100 millones de niños que viven en la calle, sin perspectivas de futuro, y 250 millones de niños entre los 5 y los 15 años, que tienen que trabajar para subsistir con sus familias.

También la salud es un derecho primario, pero a pesar de eso, en el mundo hay 11 millones de niños con SIDA, muchos de los cuales fueron contagiados al nacer o en el mismo vientre materno.

Ni tú ni yo pertenecemos a ninguno de estos grupos, ¿por qué? Pues no es precisamente porque lo merezcamos. Ninguno de nosotros ha hecho nada tan meritorio como para haberse “ganado” lo que es y lo que tiene. Entonces es necesario que, además de agradecer lo que es nuestra vida hoy, pensemos en lo que podemos hacer para ayudar a todas estas personas que sufren.

El primer paso es, sin duda, saber que existen, tomar conciencia de ellas, sensibilizarnos frente a sus sufrimientos. Lo demás depende de nuestra generosidad y de nuestra capacidad de iniciativa.

Hay muchas maneras de ayudar y de servir y ninguna es demasiado pequeña. Lo dijo la Madre Teresa de Calcuta con total autoridad: “Sé bien y lo sabe cada una de mis hermanas, que lo que realizamos es menos que una gota en el océano. Pero si esta gota faltara, el océano carecería de algo”.

LOS DERECHOS HUMANOS

Vivimos en la época de los Derechos humanos. Por todas partes se habla de ellos, venga o no al caso Hablamos de los Derechos humanos, pero… ¿sabemos cuántos y cuáles son, en qué consiste cada uno de ellos, qué implica tenerlos, qué exigen de nosotros?

Personalmente pienso que gran parte de quienes se consideran a sí mismos abanderados de los Derechos humanos en nuestro país y en el mundo, no los conocen con la profundidad que deberían conocerlos, y los mencionan a la ligera, sin calcular la trascendencia de lo que dicen. ¿Por qué digo esto? Pues sencillamente porque la realidad que vivimos nos lo muestra con toda claridad. Veamos algunos ejemplos:

Artículo 3: Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.

Entonces, ¿por qué se promueve desde los mismos organismos de Estado, en todos los países del mundo, la legalización del aborto, con pretextos absurdos, que niegan el derecho a la vida a una criatura inocente y débil? La violencia que se ejerce contra el niño en la realización de un aborto es una violencia especialmente grave, tanto por su crueldad – hay testimonios visuales al respecto -, como por la persona contra quien va dirigida, un ser absolutamente débil y totalmente indefenso. 

Artículo 7: Todos son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual protección de la ley.

Cuando se habla del aborto, se considera como una de las causas que lo hacen “legal”, la protección de la salud de la madre.  ¿Acaso el niño no tiene el mismo derecho a ser protegido? ¡La vida es mucho más que la salud! También se arguye como causal que “justifica” el aborto, que el embarazo sea producto de una violación a la madre. En este caso se castiga a la víctima más débil del delito, antes que al culpable – el violador -, que generalmente escapa a la justicia, porque muchas veces ni siquiera es denunciado.

Artículo 16, numeral 3: La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado.

Si la familia es elemento natural y fundamental de la sociedad; una familia constituida al menos en el respeto a las leyes biológicas – que en realidad son mucho más que eso -, ¿por qué se promueve como un elemento de civilización y de pensamiento avanzado, el mal llamado “matrimonio entre homosexuales”? El respeto por la diferencia no tiene por qué justificar lo que se sale del ritmo señalado por la naturaleza misma, con total sabiduría, y por la voluntad de Dios al crearnos.

Artículo 5: Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes.

Por lo que podemos ver a simple vista, los problemas considerados “macro”, ahogan las soluciones de los problemas considerados “micro”, pero que en realidad son la raíz de los mayores. Nadie puede negar hoy que la violencia social que nos agobia, tiene, en gran medida, como fundamento, la violencia intrafamiliar, el maltrato a los niños y a las mujeres. Una persona maltratada se convierte en maltratadora, alguien que crece en medio de gritos, insultos, golpes y humillaciones, no podrá ser nunca, a no ser que se le reeduque durante un buen tiempo, un líder pacificador, porque no fue formado en el lenguaje de la paz.

Artículo 9: Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, ni preso, ni desterrado.

Los desplazados, desaparecidos y secuestrados de nuestro país, que se cuentan por millares, son una muestra clara de que este derecho fundamental es profundamente irrespetado por diversos grupos de personas en Colombia. Y la comunidad internacional que no rechaza con fuerza suficiente los acontecimientos que los originan, es cómplice de dichos grupos. ¿Cómo es posible que en Colombia haya personas secuestradas desde hace ya 8 años, y nadie diga ni haga nada al respecto? ¿Acaso hay secuestrados de primer, de segunda y de tercera categoría? No hay que retroceder mucho en el tiempo para darnos cuenta de que una actitud de apatía como esta puede dar lugar a cosas cada vez peores. ¡Cuando Hitler inició el holocausto judío, muchos se hicieron los de la vista gorda, y todos sabemos hasta dónde llegó su genocidio! 

Artículo 25, numeral 1: Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios…

Los índices de pobreza de los que se ha hablado tanto últimamente – en Colombia existen 20 millones de personas que viven en la línea de la pobreza – dan testimonio de que este derecho inalienable de todo ser humano es absolutamente irrespetado. Imposible pensar que haya personas que viven en apartamentos o casas cuyo valor llega a alcanzar los 1.000 millones de pesos y más, cuando existen familias enteras que sobreviven bajo los puentes, o en ranchos de tablas, latas y cartones, levantados en terrenos inadecuados que ponen en peligro su vida, y tan sólo disponen de $ 4.000 para su sustento diario.

Un tema para pensar con detenimiento, con responsabilidad…

¿De qué lado estamos?…

¿Pensamos y actuamos en el mismo sentido?…

Frente a cuestiones tan importantes, no podemos permanecer indiferentes; tenemos que tomar partido y ser coherentes. 

PARA PENSAR… Y ACTUAR…

  1. Mientras haya tantas familias que no tienen un techo bajo el cual puedan cobijarse, una casa digna donde puedan vivir como personas, no hay derecho a que haya otras – muchísimas menos – que vivan en lujosos apartamentos y unidades cerradas que cuestan varios cientos – hasta miles – de millones de pesos, como hay en nuestra ciudad y en nuestro país.

  1. Mientras haya niños que mueren de hambre y otros que crecen desnutridos por falta de una alimentación adecuada, no hay derecho a que haya personas que gastan millones de pesos en fiestas y banquetes donde la comida y el licor abundan y se desperdician, sin ninguna consideración. ¡No importa que sean legítimos dueños de sus fortunas!

  1. Mientras haya jóvenes que no tienen posibilidades de estudiar y desarrollarse adecuadamente, no hay derecho a que otros jóvenes gasten a manos llenas en diversiones, muchas veces indecentes, simplemente porque sus padres los han acostumbrado al derroche.

  1. Mientras haya ancianos desamparados tirados en las aceras, viviendo de limosnas, o en casuchas desvencijadas levantadas con cartones y palos, no hay derecho a que haya personas, familias, empresas, que invierta grandes fortunas en carros llenos de lujos y de confort. Se ha perdido el sentido de las proporciones.

  1. Mientras haya niños, jóvenes adultos y ancianos que mueren por enfermedades comunes y fáciles de combatir, simplemente porque no tienen la posibilidad de acudir a un médico o costear los tratamientos indicados, no hay derecho a que haya mujeres y hombres que invierten grandes sumas de dinero, porque quieren “moldear” su cuerpo a su antojo, o pretender borrar de su rostro el paso de los años, para estar “in”.

  1. Mientras haya mendigos en nuestras calles y plazas, carentes de todo – material y espiritualmente hablando -, no hay derecho a que haya personas que acumulan objetos de toda clase, porque no puede resistir el deseo de comprar y guardar, y lo usan “como una terapia”.

  1. Mientras haya niños que tiritan de frío, madres que lloran porque no tienen un pan para darle a sus hijos, jóvenes que no tienen esperanza de realizar sus sueños, padres de familia desempleados o ganando un salario ínfimo, no hay derecho a que haya personas que gocen de fortunas que ni siquiera podrán gastarse en el transcurso de su vida.

Has pensado alguna vez…

  • ¿Qué sentirá un obrero de la construcción cuando su trabajo es instalar en una casa un piso de mármol importado del exterior con un alto costo, o cualquier otro elemento suntuario, y recuerda que su familia vive en un rancho con piso de tierra, paredes de cartón y techo de lata?

  • ¿Qué sentirá una empleada doméstica cuando tiene que botar la comida que sobra en casa de sus patrones, y recuerda que en su casita las ollas están vacías, porque el sueldo no le alcanza más que para un aguadepanela y un pan?

  • ¿Qué sentirá un campesino que tuvo que entregar su parcela porque no pudo pagar el préstamo que le hicieron, y se da cuenta que pasó a manos de su vecino rico que ni siquiera sabe cuánta tierra posee?

  • ¿Qué sentirá un niño de la calle cuando pide una limosna y ni siquiera recibe una mirada?

Y… ¿Qué sentirá Dios?…

Sería bueno que lo pensaras…  ¡Que todos lo pensáramos!… Y que en consecuencia nos comprometiéramos a hacer algo para cambiarlo…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: