SEMILLA DE MOSTAZA

PARA REFLEXIONAR SOBRE LA FE Y ORAR

UNA NOCHE PARA NO OLVIDAR

UNA DULCE Y PERENNE ALEGRÍA

“En aquella época apareció un decreto del emperador Augusto, ordenando que se realizara un censo en todo el mundo. Este primer censo tuvo lugar cuando Quirino gobernaba la Siria. Y cada uno iba a inscribirse a su ciudad de origen. José, que pertenecía a la familia de David, salió de Nazaret, ciudad de Galilea, y se dirigió a Belén de  Judea,   la  ciudad  de  David,    para  inscribirse    con  María,  su  esposa,  que  estaba
embarazada. Mientras se encontraban en Belén, le llegó el tiempo de ser madre; y María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue” (Lucas 2, 1-7).

Hagamos “composición de lugar”, y trasladémonos con la mente y el corazón a Belén de Judá. Entremos silenciosamente a la gruta del  Campo de los pastores donde están María y José, porque no encontraron lugar en los albergues comunitarios, y postrémonos de rodillas ante el pesebre, donde duerme Jesús, arropado por el aliento cálido de la mula y el buey.

Contemplemos su figura dulce y tierna; la belleza de su rostro; su debilidad de niño recién nacido, que depende para todo de sus padres. Miremos la pobreza que lo rodea; la sencillez de las ropas que lo visten; la austeridad del lugar donde se encuentra; las pajas que le sirven de colchón, y también, por supuesto, el cariño y la reverencia de María y de José, que no apartan sus ojos de él, cautivados por el amor que genera en sus corazones, y por el secreto inmenso que encierra en su fragilidad.

Adorémoslo como a nuestro Dios y Señor, y pidámosle que nos dé la gracia de penetrar con nuestra fe en el sagrado misterio de su persona humana y divina a la vez; que podamos reconocerlo como nuestro Dios y nuestro Salvador, manifestación clara y contundente del amor que Dios Padre siente por nosotros; y que nuestra vida sea una constante búsqueda y
realización de sus enseñanzas y su ejemplo.

Coloquemos a sus pies a todos los niños y niñas del mundo, que sufren toda clase de situaciones adversas. Los niños maltratados por quienes deben cuidarlos y protegerlos, lo niños abusados sexualmente, los niños víctimas de la violencia que nos desangra, los niños que son inducidos al mal; los niños que nacen y crecen en medio de la pobreza, que afecta su adecuado desarrollo; los niños que padecen enfermedades y limitaciones graves; los niños que no conocen el amor ni las caricias de sus padres; los niños que mueren en el vientre de sus madres a causa del aborto.

¡FELIZ Y SANTA NAVIDAD PARA TODOS!

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