SEMILLA DE MOSTAZA

PARA REFLEXIONAR SOBRE LA FE Y ORAR

OREMOS CON LOS SALMOS

 SALMO 8

SALMO DE ALABANZA A DIOS 

Y DE RECONOCIMIENTO DE LA DIGNIDAD DEL SER HUMANO

Señor, dueño nuestro,

¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!

Tu gloria se extiende más allá del cielo.

Ensalzaste tu majestad sobre los cielos.

De la boca de los niños de pecho

has sacado una alabanza contra tus enemigos,

para reprimir al adversario y al rebelde.

Cuando contemplo el cielo, obra de tus manos,

la luna y las estrellas que has creado,

¿qué es el hombre para que te acuerdes de él,

el ser humano para darle poder?

Lo hiciste poco inferior a los ángeles,

lo coronaste de gloria dignidad;

le diste el mando sobre las obras de tus manos,

todo lo sometiste bajo sus pies.

Rebaños de ovejas y toros,

y hasta las bestias del campo,

las aves del cielo, los peces del mar,

que trazan sendas por el mar.

Señor, dueño nuestro,

¡Qué admirable es tui nombre en toda la tierra!

SALMO 23 (22)

SALMO DE CONFIANZA

EN EL AMOR Y LA PROTECCIÓN DE DIOS

El Señor es mi pastor, nada me falta;

en verdes praderas me hace recostar,

me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas.

Me guía por el sendero justo por el honor de su nombre.

Aunque camino por valles oscuros nada temo,

porque tú vas conmigo, y tu vara y tu cayado me sostienen.

Preparas una mesa ante mí, frente a mis adversarios.

Me unges la cabeza con perfume y mi copa rebosa.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan

todos los dìas de mi vida.

Y ahabitarè en la casa del Señor por años sin término.

SALMO 50(51)

SALMO PARA INVOCAR LA MISERICORDIA DE DIOS

Y PEDIRLE PERDÓN POR LOS PECADOS COMETIDOS

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,

por tu inmensa compasión borra mi culpa.

Lava del todo mi delito, limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa,

y tengo siempre presente mi pecado.

Contra ti, contra ti, solo pequé,

cometí la maldad que aborreces.

En la sentencia tendrás razón,

en el juicio resultarás inocente.

Mira, en la culpa nací,

pecador me concibió mi madre.

Te gusta un corazón sincero,

y en mi interior me inculcas sabiduría.

Rocíame con el hisopo: quedaré limpio,

lávame: quedaré más blanco que la nieve.

Hazme oír el gozo y la alegría,

que se alegren los huesos quebrantados.

Aparta de mi pecado tu vista,

borra en mí toda culpa.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,

renuévame por dentro con espíritu firme;

no me arrojes lejos de tu rostro,

no me quites tu santo espíritu;

devuélveme la alegría de tu salvación,

afiánzame con espíritu generoso.

Enseñaré a los malvados tus caminos,

los pecadores volverán a ti.

¡Líbrame de la sangre, oh Dios,

Dios, Salvador mío!

Y cantará mi lengua tu justicia.

Señor, me abrirás los labios,

y mi boca proclamará tu alabanza.

Los sarificios no te satisfacen;

si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.

Mi sacrificio es un espíritu arrepentido,

un corazón arrepentido y humillado,

tú, Señor, no lo desprecias.

Señor, por tu bondad, favorece a Sión,

reconstruye las murallas de Jerusalén:

entonces aceptarás los sacrificios rituales,

ofrendas y holocaustos;

sobre tu altar se inmolarán novillos.

SALMO 139(138)

SALMO PARA RECONOCER Y ALABAR 

LA INMENSA SABIDURÍA DE DIOS,

FRENTE A NUESTRA PROPIA PEQUEÑEZ

Señor, tú me sondeas y me conoces;

me conoces cuando me siento o me levanto,

de lejos penetras mis pensamientos,

distingues mi camino y mi descanso,

todas mis sendas te son familiares.

No ha llegado la palabra a mi lengua,

y ya, Señor, te la sabes toda.

Me envuelves por doquier

me cubres con tu mano.

Tanto saber me sobrepasa;

es sublime y no lo abarco.

¿A dónde iré lejos de tu aliento,

a dónde escaparé de tu mirada?

Si escalo el cielo allí estás tú;

si me acuesto en el abismo, allí te encuentro.

Si vuelo hasta el oriente, donde nace la aurora,

si emigro hasta el extremo del mar,

allí me alcanzará tu izquierda,

tu derecha llegará hasta mí.

Si digo: “que almenos la tiniebla me encubra,

que la luz se haga noche en torno a mí”,

ni la tiniebla es oscura para ti,

la noche es clara como el día.

Tú has creado mis entrañas,

me has tejido en el vientre materno.

Te doy gracias,

porque me has escogido portentosamente,

porque son admirables tus obras:

conocías hasta el fondo de mi alma,

no desconocías mis huesos.

Cuando, en lo oculto, me iba formando,

tus ojos veían mis acciones,

se escribían todas en tu libro;

calculados estaban mís días,

antes que llegase el primero.

Qué incomparables encuentro tus designios,

Dios mío, qué inmenso es su conjunto:

si me pongo a contarlos, son más que arena;

si los doy por terminados, aún me quedas tú.

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