SEMILLA DE MOSTAZA

PARA REFLEXIONAR SOBRE LA FE Y ORAR

EN ESPERA GOZOSA


 

EN ESPERA GOZOSA

 

 

 

Las
cuatro semanas de Adviento, que estamos viviendo, y que culminan el
día de Navidad, resumen los nueve meses que Jesús vivió en el seno
virginal de María, haciendo realidad el Misterio sublime de la
Encarnación, principio y fundamento de nuestra fe cristiana
católica, y acontecimiento cumbre de la historia de la humanidad. La
Iglesia nos invita, durante este tiempo, a poner en el centro de
nuestra mente y de nuestro corazón, este suceso único e
irrepetible, que llena de alegría y esperanza nuestro ser y nuestra
vida, y a vivirlo en conexión estrecha con María, que es testigo
fiel del amor y la bondad de Dios, que busca la mejor manera de estar
cerca de nosotros.

 

 

No
solemos hacerlo, pero vale la pena que lo intentemos. Pongámonos en
el lugar de María y tratemos de pensar en sus sentimientos más
profundos, en este momento crucial de su vida. Las palabras del ángel
llegaron a sus oídos y penetraron en su corazón juvenil y
comprometido. Sorprendida pero llena de fe, pronunció su “Sí”
sencillo y elocuente, que subió al cielo y dio inicio a la acción
salvadora de Dios, en favor de todos los hombres y mujeres del mundo
y de la historia. El Espíritu Santo tomó posesión de su cuerpo, y
Jesús comenzó a formarse en sus entrañas virginales. Un hecho
totalmente inusitado y maravilloso, que marca un hito en la historia
del mundo y en nuestra propia historia

 

 

Íntimamente
unida a Jesús que crecía en sus entrañas maternales, María vivió
nueve meses en diálogo profundo con Dios. Su cotidianidad no
experimentó un cambio notorio. Los quehaceres domésticos
continuaron siendo los mismos: ir por agua a la fuente, amasar el
pan, barrer la casa, lavar la ropa en el lavadero comunitario y
cocinar para ella y para José; reunirse con sus amigas para esperar
al esposo al regreso del trabajo, y encender la lumbre al anochecer.
Pero su vida entera cambió radicalmente: tenía una misión qué
cumplir y quería hacerlo del mejor modo posible, porque era una
misión que Dios mismo le había encomendado.

 

 

Nadie
conocía el secreto de María; sólo José, que tan sorprendido y
maravillado como ella, había aceptado también con gozo y
entusiasmo, ser el padre legal del hijo que crecía en las entrañas
de su esposa, por obra y gracia del amor de Dios.

 

 

Aprovechemos
este Tiempo de Adviento que Dios nos regala, para contemplar a María
en el misterio de su Maternidad virginal, y pidámosle que nos ayude
a valorar en su justa medida, este acontecimiento único de la
Encarnación, que nos hace presente hoy como ayer, la misericordia de
Dios para con nosotros, y a preparar nuestro corazón para que Jesús
nazca en él en esta Navidad.

 

 

Y
por los méritos que tuvo María en esta circunstancia especial de su
vida, oremos por todas las mujeres que en nuestro país y en el
mundo, son inducidas a olvidar el inigualable valor de la vida
humana, y a abortar a sus hijos, so pretexto de resguardar sus
propios derechos, como si matar fuera uno de ellos.

 

 

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Esta entrada fue publicada en 10/12/2010 por .

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