PARA REFLEXIONAR SOBRE LA FE Y ORAR

LA ENCARNACIÓN DE JESÚS

LA ENCARNACIÓN

DE JESÚS,

REGALO DE AMOR

Y DE ESPERANZA

En el principio era el Verbo – la Palabra -,
y el Verbo estaba junto Dios, y el Verbo era Dios.
El estaba junto a Dios en el principio…”
( Juan 1, 1-2).

El Misterio de la Encarnación de Jesús, es el centro de nuestra fe cristiana.

Ser cristianos significa precisamente, como un primer paso, creer, aceptar, que Jesús, el Hijo de Dios, se encarnó, se hizo hombre como nosotros, y se vino a vivir a nuestro mundo.

Se encarnó, es decir, se metió en nuestra carne y sangre, en nuestra humanidad, asumiendo todas las debilidades y limitaciones que le son propias, para vivir con nosotros; para vivir como uno cualquiera de nosotros.

“Y el Verbo se hizo carne, puso su tienda entre nosotros, y hemos visto su Gloria: la Gloria que recibe del Padre; lleno de gracia y de verdad” (Juan 1, 14).

Jesús es Dios mismo, pero Dios encarnado. No simplemente revestido de carne, sino totalmente sumergido en ella, impregnado de ella.

El cuerpo de Jesús no es un mero disfraz que le hace posible estar en el mundo. El cuerpo de Jesús es un elemento esencial de su ser, porque él es el Dios-hombre y el hombre-Dios. El Emmanuel, el Dios-con-nosotros; el Dios-entre-nosotros; el Dios-para-nosotros.

Jesús es el Verbo de Dios, la Palabra de Dios, lo que Dios nos dice de sí mismo. Jesús es Dios que se nos da a conocer; Dios que se nos entrega; Dios que nos manifiesta la ternura de su amor, la fuerza de su amor, la plenitud de su amor por cada uno de nosotros.

No se trata simplemente de una cuestión de tipo intelectual; de una idea para entender, de una verdad para aceptar con la mente. La Encarnación es un misterio, una verdad de Dios que no se puede explicar, pero que llena nuestro corazón y nuestra vida de gozo y esperanza. Una verdad que tenemos que defender a como dé lugar, contra los ataques de quienes no saben o no quieren saber.

Jesús, Dios encarnado, da sentido y valor a todo lo que somos, a lo que hacemos, a lo que pensamos, a lo que sentimos, a lo que decimos.

Jesús, Dios encarnado, da sentido y valor a nuestras tristezas y a nuestras alegrías, a nuestros esfuerzos, a nuestras luchas, a nuestros sufrimientos, a nuestros triunfos y a nuestros fracasos, a nuestras dificultades y problemas.

Jesús, Dios encarnado, da sentido y valor a nuestro pasado, a nuestro presente, y a nuestro futuro.

Jesús, Dios encarnado, da sentido y valor a nuestra vida y también a nuestra muerte. Con él y en él lo tenemos todo. Sin él no tenemos nada; no somos nada.

Jesús, Dios encarnado, es nuestra más grande y bella esperanza. Poner en él nuestro corazón y nuestra vida nos hace felices plenamente, aunque tengamos que pasar dificultades.

En esta Navidad que se acerca, abramos nuestro corazón para que Jesús nazca en él y nos llene de su amor infinito y delicado, y de las gracias de la salvación.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Nube de etiquetas

%d personas les gusta esto: