CARTA ABIERTA AL NIÑO DE BELÉN

Carta abierta al Niño de Belén

Querido Jesús:

¡Qué alegría poder escribirte esta carta!… Desde hace tiempo deseaba hacerlo.

Primero que todo quiero decirte que me siento feliz de que hayas venido a nuestro mundo a vivir una vida semejante a la nuestra; feliz de que seas uno de nosotros. Todos los hombres y mujeres del mundo que sabemos de ti, estamos alegres y esperanzados por tenerte en nuestra casa y compartir contigo lo que somos y lo que tenemos. Y los que no te conocen, aún sin saberlo, te añoran y desean conocerte. ¡Qué regalo tan grande nos ha dado Dios Padre al enviarte!

En segundo lugar, te agradezco de todo corazón, haber venido para salvarnos. Sabemos que vienes a nosotros porque amas al Padre infinitamente y quieres hacer siempre y en todo su Voluntad, y porque también nos amas a nosotros a pesar de nuestras debilidades y pecados. ¡Definitivamente, es maravilloso poder contar con tu amor!

Contigo, Jesús, el mundo parece más bello, más armonioso, más acogedor; el sol brilla con más fuerza, el cielo es más azul, la vida crece y se desarrolla con gran esplendor, el murmullo del viento suena a risa, el ruido del agua es una canción.

Contigo, Jesús, el corazón salta de alegría, de gozo espiritual, de esperanza sin límites.

Contigo, Jesús, el deseo de Dios nos invade por dentro y da a nuestra vida un sentido nuevo, más profundo, más verdadero.

Contigo, Jesús, todo es bueno, agradable, apetecible, aunque a simple vista no lo parezca.

Contigo, Jesús, el dolor y el sufrimiento que tantas veces nos dan miedo, se vuelven medios para llegar a ti, para hacernos tuyos, para pertenecerte, para colaborar contigo en tu tarea salvadora.

Contigo, Jesús, la pobreza, la humildad, la sencillez, el olvido de sí mismo, adquieren valor.

Contigo, Jesús, dan ganas de ir siempre más allá; ganas de ser cada día mejores, de amar a todos, de servir a todos, de perdonar a los que nos han ofendido.

Contigo, Jesús, todo es nuevo, todo es distinto, todo es mejor.

Contigo, Jesús, la paz que añoramos y buscamos con tanto empeño se hace posible.

Contigo, Jesús, hay una esperanza firme de ganarle la batalla al mal que nos rodea.

¡Bienvenido Jesús a nuestro mundo!… ¡Bienvenido a nuestra vida!…

Esperamos que te sientas en tu casa, que no te falte nada, que seas feliz entre nosotros a pesar de nuestra pobreza, de nuestros límites, de nuestra debilidad.

Esperamos saber acogerte como tú te lo mereces.

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